Se había publicado en El Comercio, el 28 de octubre de 1850, un breve artículo titulado «Al centinela ministerial», cuya autoría se atribuía al señor Juan Manuel del Mar, que señalaba que «se regalaba el presupuesto del Estado aumentado sueldos a marinos y diplomáticos». La anónima nota proclamaba: «Se insulta a los consejeros, porque no toleran que el ministerio regale, con violación del presupuesto, los fondos públicos en aumentar los sueldos de los marinos, y los diplomáticos, habiendo tantos otros gastos de necesidad y de urgencia»; además cuestiona que se quiera ridiculizar al «cuerpo conservador de las leyes», esto es, al Consejo de Estado. Apunta luego la nota denunciada: «La calumnia o el sometimiento a mis caprichos, dice el Ministerio, ¿qué debe responder el Consejo?». Juan Manuel del Mar invocaba, sin embargo, que esa publicación, «altamente injuriosa al Gobierno y también subversiva; puesto que le atribuye hechos atroces, suma depravación e infracción de sus más sagrados deberes y de los preceptos legales», no era suya. El 30 de octubre de 1850 presentó su denuncia ante el fiscal de la Corte Superior de Lima. Además, exigía que tras el juicio se logre «la completa vindicación del Gobierno y el castigo de sus injustos detractores» (El Comercio, 2 de noviembre de 1850). Verificada la denuncia, resultaron electos los jurados Mariano Santos Carrasco, Juan Gaspar Artaza, Felipe Rivas, Fermín Puente, Gabriel H. del Portal, Mariano Carmelino y Juan Antonio Menéndez. Reunido para declarar si había o no lugar a formación de causa contra el artículo titulado «Ministerios y Consejeros, el jurado resolvió: A pesar del empeño del señor Mar en presentarlo como sedicioso y criminal, ha declarado el jurado, por unanimidad de votos, no ha lugar a formación de causa. Ojalá que esta lección le modere y enseñe a respetar más a los hombres y sus derechos, y a no llamar malvados a los que tienen honradez y patriotismo. Declararon por unanimidad: No ha lugar a formación de causa (El Comercio, 2 de noviembre de 1850). El diario El Comercio aprovechó la ocasión para comentar con severidad la denuncia de Juan Manuel del Mar y elogiar la independencia del jurado de imprenta: «El jurado ha hecho conocer que tiene firmeza, conciencia y liberalidad de ideas y de principios. Preguntaremos de nuevo, ¿quiénes son los malvados, calumniadores e insensatos?». Califica a Del Mar como «menguado y desdichado, que detesta la imprenta, porque no es aduladora suya» (El Comercio, 2 de noviembre de 1850). 111
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