precedente que destruiría todo poder judicial, y quedarían sin jueces los que adoptasen el medio de acusar en general a los juzgados y tribunales. Por estos fundamentos se DECLARA: Sin lugar la recusación entablada por el Dr. D. Manuel A. Fuentes en su escrito de fojas, y cumpla con comparecer a reconocer su firma como está mandado en el auto de fojas. Rospigliosi. Ante mí, Félix Sotomayor (El Comercio, 4 de agosto de 1850). 8. UN CÓNSUL TORPE Y UN ITALIANO ORGULLOSO Luis Pizarello, cónsul general del Reino de Cerdeña en el Perú, publicó sendos avisos a través de los que invitaba a los italianos residentes en Lima a socorrer a las familias de los conscriptos que servían en el ejército sardo (AGN, Corte Superior de Justicia, expedientes judiciales, legajo 716, 1849-1853, circular de Luis Pizzarello del Consulado General del 30 de mayo de 1850). En 1850, Italia no se había conformado aún como un Estado unitario, lo que ocurriría recién hacia el año 1861. A Pietro Barcellona (homónimo de un prolífico jurista siciliano de izquierda), orgulloso comerciante avecindado en Lima, no le gustó en absoluto el anuncio. Publicó entonces un folleto titulado La Patria ed i mettimale, ossia Luigi Pizzarello e le famiglie dei contingenti (Lima, Tipografía di Aurelio Alfaro Strada Baquijano). Consideraba que la invitación del cónsul constituía «una grave injuria a sus hermanos de Italia y al Gobierno sardo, puesto que aseguraba con la autoridad del consulado, que las familias, de los soldados en Piamonte, sea por indiferencia de los primeros, sea por nada administración del segundo, vivían en la más lamentable miseria». Agregaba el autor del folleto que este modo de invitar a los italianos «era antipolítico y antipatriótico» y llenó a muchísimos «de estupor y descontento» (Barcellona, 1859, p. 5). Por lo visto, los italianos residentes se sintieron ofendidos, tanto así que de una comunidad de cuatro mil personas solo asistieron a la convocatoria del cónsul catorce, lo cual debe ser «considerada como una solemne bofetada arrojada sobre la mejilla del invitante». Añadía la nota que «el consulado Sardo en Lima era igual al segundo círculo del infierno de Dante, encierra hipocresía, lisonjas falsedades, latrocinios, simonía» (Barcellona, 1859, pp. 5-14). La nota publicada mortificó enormemente a Pizarello, que presentó una denuncia por el folleto considerado injurioso. A continuación, por entero la denuncia: Lima, junio 26 de 1856 108
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