Fuentes de presentarse como hombre valiente, libre, legal y patriota, sin serlo, sin perjuicio de recordarle que hace más de un año fue «acusado como juez de Huánuco hasta de pillo y ladrón», «sempiterno díscolo, revolucionario desde joven, hombre que no teniendo una verdadera profesión, solo aspira a medrar en las revueltas» (El Comercio, 7 de junio de 1850). En respuesta inmediata al artículo, Fuentes escribió, el 8 de junio, a través de su diario favorito, El Comercio, bajo el título «Denuncias». Allí reconoce que el articulista es él y no Arnaldo Márquez. Invita a los denunciantes dirigirse a la imprenta y comprobar la letra. Se jacta también de su vínculo con el general Vivanco: «El señor general Vivanco, es hombre a quien quiero y a quien he querido siempre; soy su partidario por convicción hace años; soy su amigo personal, hace poco tiempo; si estoy dispuesto a emplearme en su servicio como amigo, tengo tanto orgullo como el primer hombre para no servir de testa ni a él ni a nadie» (El Comercio, 8 de junio de 1850). El Murciélago, por otro lado, se defiende de las acusaciones que le hacen de «pícaro y ladrón» y de su actuación como juez en Huánuco: Muchos habitantes de Lima, entre los que se encuentran categorías, me conocen desde mis tiernos años, están al cabo de mi carrera literaria, saben que después de la muerte de mi señor padre, el Dr. Fuentes, he sido alumno y maestro en el colegio de la Independencia, y saben en fin que hoy tengo una profesión honrosa. El artículo cae en una contradicción notoria cuando dice que no tengo profesión verdadera y que he sido juez de Huánuco, para ser lo segundo se requiere tener lo primero. […] El Gobierno ante quien se me acusó de abusos de autoridad de robos y de asesinos declaró sin lugar la acusación, mediante los honrosos informes que recibió de mi conducta. Tengo documentos solemnes que pulverizan los dichos de mis ofensores; si el escritor quiere, reproduzca tales injurias bajo su firma, le aseguro que no denunciaré el artículo, pero que lo confundiré con la publicación de tales documentos. Anónimos, sobre todo personalidades, y nada, todo es lo mismo (El Comercio, 8 de junio de 1850). Fuentes apunta en la parcialidad del procedimiento. Así, si los denunciantes eran «vivanquistas», el trámite era lento; si los agraviados «echeniquistas», el trámite era rápido (El Comercio, 8 de junio de 1850). Por otro lado, Fuentes se queja que: Cuando los partidarios de los señores generales Vivanco y Echenique empezaron a disputarse al terreno en el campo periodístico, varios individuos de uno y otro partido se consideraron agraviados y recurrieron al medio de denunciar algunos 105
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