Justicia profana. El jurado de imprenta en el Perú

Soldán. Insinuaban también la locura del sacerdote con la expresión «lamentable estado cerebral». El 2 de mayo de 1848, por disposición del juez de primera instancia, Miguel de Tudela, se llevó a cabo una audiencia de conciliación ante el juez de paz, Juan de Dios Pastrana, que previene la ley de imprenta, ante el secretario Montalván. Asistió, en representación del denunciante, su hermano Pedro Paz Soldán y, en representación del sacerdote demandado, don Fernando Prieto. El juez, ante el desacuerdo de las partes, dio por practicado el juicio de conciliación y el caso se archivó el 11 de abril de 1848. 5. VERDULERO Y CHINGANERO, A MUCHA HONRA Con el epígrafe «Testamento de los Hoyos», registró el diario El Comercio (del 30 de enero de 1850), bajo la firma «Unos amigos de la justicia», un artículo suscrito por Guillermo Walden y denunciado por José Manuel Tirado. Guillermo Walden, esposo de Juana Hoyos, hija de la causante de la sucesión, deplora que el artículo deprima su reputación y se le trate «de verdulero y chinganero», aun cuando, asegura, no se siente humillado por esos términos. Por otro lado, disputa la honorabilidad de Martín Fernández, José Tirado y Petronila Hoyos, sus adversarios. Por lo visto, se trataba de un pleito que involucraba la extensión de un testamento por doña María Hoyos, ya fallecida en ese entonces. Del malestar que generó su redacción, emergen imputaciones cruzadas entre las partes involucradas. En las páginas del diario El Comercio, el sábado 19 de enero, apareció un suelto con el título «Albacea». Desde entonces, habría surgido una suerte de «historia de las anomalías». El pleito, por lo visto, concierne principalmente a don Martín Fernández y al albacea José Tirado. Niega ser el autor de la nota que, bajo la firma «Observadores», apareció en El Comercio y asegura que habría usado expresiones más fuertes aún de las que se publicaron. En uno de los pasajes, asegura Walden, orgulloso de su origen y oficio: «Como chinganero puedo asegurar, sin temor de equivocarme, he adquirido honor. Y el público habrá observado en el espacio de 18 años que hace afilo mi pulmón para mantener mi familia, si he sido hombre que por mi comportamiento he podido merecer la confianza de cuantos me han tratado» (El Comercio, 30 de enero de 1848). 100

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