Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

había concluido. En las páginas siguientes, el cronista da cuenta nuevamente de la manera como ese inca consolidó su control sobre los curacazgos del Cuzco y sus alrededores. Dentro de este marco, incluye el dominio sobre tierras y producción a través de relaciones personales de intercambio, cuya finalidad era establecer un vínculo que aseguraba la fidelidad de sus seguidores: Ynga Yupangue mando juntar los caçiques e señores que en todo lo ya dicho le avian hecho servicio e paresçiendole que hera justo hazeles algunas mercedes e dales algun contentamiento e siendo ansi juntos dioles e repartioles muchas joyas de oro e plata […] e ansimismo les dio cada cada dos bestidos de las ropas de su bestir e a cada uno dellos les dio una señora naturales del Cuzco y de su linaje para que fuesen cada una destas muger prinçipal del caçique a quien ansi le avian dado e que los hijos que en las tales uviesen fuesen herederos de los tales estados e señoríos (Betanzos, 1551, cap. XII f. 24). En la referencia anterior destaca también el asunto bastante estudiado del crecimiento de la élite y la estrategia de expansión basada en el establecimiento de los vínculos de sus miembros (en este caso, del propio Inca Yupanqui) con los diferentes curacazgos. Volviendo a la cuestión del proceso sucesorio incaico, merece que se preste atención a que, aparentemente, las informaciones emanadas de la propia élite cuzqueña habrían permitido a Betanzos detallar una de las principales celebraciones vinculadas a su asunción al mando. Ello incluye el cambio de nombre y el reconocimiento de la Coya, entre otros, y que el cronista refirió en el capítulo XVII. A partir de este hecho, lo que sigue es el relato de la expansión incaica a través de acciones bélicas, en las que se entremezclan acceso y reparto de excedentes, modificación de las estructuras de gobierno locales a cargo de Pachacútec y sus sucesores inmediatos. El inicio de esta fase expansiva es explicado por el autor con la misma argumentación usada para dar cuenta del paradigmático enfrentamiento entre incas y chancas. Lo último acredita el empleo de un patrón ceremonial de conquista, pese a que el cronista presenta el asunto como una simple cuestión política (Betanzos, 1551, cap. XVIII f. 41v). A lo largo del capítulo, da cuenta de los pasos y alternativas que conformaban el procedimiento de expansión, aunque cabe anotar que tiene como eje acciones bélicas. Entre estos puntos, comenta la convocatoria a los curacas con las consiguientes negociación, aceptación y preparación: porque el sol como ellos ya vian hera con el para la qual jornada tenia nesçesidad de çien mil hombres de guerra que para aquellos dos meses se los tuviesen juntos 87

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