Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

pueblo despues que lo tuvieron hecho y acavado mando Ynga Yupangue que se nombrase este pueblo Cayaucache […] (Betanzos, 1551, cap. XVI f. 37). Respecto a este punto, nos interesa más bien llamar la atención acerca de la decisión de sacar o movilizar a cierta población señalándoles una nueva ubicación. Ello no solo sería una estrategia de dominio incaico, sino la especificación de alguna de las razones que las fuentes y la historiografía ha dado a lo largo del tiempo para explicar la existencia de los mitmakquna. Lo que no consigna Betanzos es una información que sí fue manejada por Sarmiento de Gamboa: según lo sostenido por los integrantes del aillu Chima Panaca —que el mencionado cronista Sarmiento identificaba con Manco Cápac—, a su muerte dicho inca se convirtió en piedra de alto de una vara de medir y estuvo en Inticancha guardado con mucha veneración (Sarmiento, 1988[1572], pp. 56-57). Este dato completa de manera consistente el relato mítico recogido por Betanzos, puesto que nuestro cronista señala esa transformación para el caso de Ayar Ucho. De esta manera, Ayar Manco se transforma en el ancestro del grupo a la sazón en pleno proceso de dominio en el Cuzco y sus alrededores. Dentro de este marco, debe considerarse que, de las varias propuestas que se han barajado a lo largo del tiempo respecto a las estrategias empleadas por los incas para lograr la expansión de su dominio en los Andes, alguna indica que el gran y sorpresivo éxito de los incas no fue debido tanto a su capacidad guerrera como a su habilidad para revitalizar antiguos valores perdidos, desde la simbología religiosa hasta un campo tan profano como el uso de la tierra43. Betanzos construyó una historia incaica centrada en cuatro momentos: la llegada y ocupación del valle del Cuzco y sus alrededores; el inicio de la gran expansión a partir del enfrentamiento entre incas y chancas durante los gobiernos de Huiracocha y Pachacútec; los periodos encabezados por Túpac Inca y Huaina Cápac sucesivamente; y, finalmente, el conflicto sucesorio entre Huáscar y Atahualpa. Según dicho cronista, los incas no ampliaron su dominio durante los gobiernos de Cápac Yupanqui, Maita Cápac, Inca Roca y Yaguar Huaca (Betanzos, 1551, cap. V f. 7v); y se desprende del proceso que describe la imagen ritualizada de la expansión y a la vez asociada a crisis sucesorias44. El enfrentamiento con los chancas es relatado por Betanzos partiendo de una inequívoca señal ofrecida al inca por el dios hacedor, es decir, desde el proceso de cambio de nombre de 84

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