llamado Huanacaure, y «de allí a las espaldas deste cerro a un valle pequeño que en él se hace donde como fuesen allí sembraron unas tierras de papas comida de estos indios» (Betanzos, 1551, cap. III f. 6). Luego de que Ayarcache sucesivamente derribara un cerro e hiciera tres quebradas arrojando un total de cuatro piedras con su honda, el grupo decidió regresar a Pacaritambo y dejarlo allí encerrado. De vuelta a Huanacaure, los restantes permanecieron un año en el lugar y dieron a Mamaguaco a Ayarmango «para que le sirviese» (Betanzos, 1551, cap. III f. 6). Como se desprende del relato, la imagen que se presenta (historizada por cierto) es que la presencia inca se inicia con una hierofanía: el surgimiento de la cueva de Pacaritambo, el grupo habría «nacido» o provenido del mundo subterráneo. Comienza su trayecto para ir ocupando un valle del Cuzco previamente poblado y organizado; en esa medida, los recién llegados actuaron sobre «un mundo conocido», del que se sirvieron y en el que hicieron transformaciones. En conjunto, la trama de esta parte de la narración mítica parece aludir al desarrollo de un pachacutéc, es decir, el inicio de una transformación radical, que marca también los atributos propios de los personajes ordenadores. Así, Ayar Cachi derriba un cerro y genera tres quebradas antes de quedar encerrado en Huanacaure y quedar convertido en Apu y ancestro. Asimismo, hay que destacar que las figuras femeninas gravitan fuertemente en el relato no solo como parejas de los cuatro Ayar, sino formando parte importante de esa primera estructura de la élite: Mama Huaco es «entregada» a Ayar Manco. Esta vinculación femenina con quien se convertiría en Manco Cápac seguirá repitiéndose en el relato, lo que indicaría los roles que les correspondería a las mujeres en la organización incaica y aludiría también a procedimientos de crecimiento interno de la élite incaica y al dominio de los incas sobre poblaciones, ambos cruciales en la época prehispánica para medir el poder41. También, la versión de Betanzos hace alusión a varios lapsos de tiempo que presumiblemente esconden marcas del calendario incaico y, además, presenta un nuevo orden «más civilizado»: piezas de oro, tejido fino, adornos, vajilla, lo que hace lucir a los Ayar como poderosos, autoridades que portan atributos propios de su jerarquía. El recorrido lleva al grupo desde Huanacaure hacia el Cuzco y, particularmente, a la quebrada de Matagua. En Huanacaure, Ayar Ucho se transformó primero en ave, voló hasta el sol y regresó con el mensaje de que Ayar Manco cambiase su nombre por el de Manco Cápac para que en 81
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