Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

sagrado, sustento de la organización social. Estamos hablando entonces de una imagen del mundo y de principios ordenadores de la realidad, en este caso también del territorio. Cuando hablamos de territorialidad sagrada, consideramos una noción de espacio particular, ordenado por la actividad y presencia divina. En este punto, entra a colación el mito. Respecto a ello, al estudiar la mitología andina se ha reconocido la existencia de «ciclos míticos» siguiendo lo planteado por Urbano (1981) y, también, se ha señalado que, si el ciclo de los Huiracocha representa el orden general del cosmos, el de los Ayar resulta ser la justificación de un orden a partir de los orígenes étnicos (el de los chancas) y representa un ordenamiento social regido por relaciones bélicas (Lozada, s. f., p. 104). Si bien Urbano relacionó los ciclos de Huiracocha y Ayar, también, se ha planteado que los mitos de Manco Cápac pertenecen a un mismo gran sistema e implican una conjunción cielo-tierra y una disyunción correlativa tierra-mundo subterráneo, y revelan pares opuestos como guerra-paz, conflicto-alianzas, vida en naturaleza frente a vida en sociedad (Sánchez, 1983, pp. 28-29). De acuerdo con los relatos míticos recogidos por Betanzos —que a todas luces tienen un origen cuzqueño—, la ruta de Contiti Viracocha y sus dos ayudantes para ir ordenando y poblando la tierra se inició en Tiahuanaco, en la región del lago Titicaca hacia donde sale el sol, y terminó en Puerto Viejo en la costa norte en el territorio del actual Ecuador de manera tal que: A uno lo envió […] por la parte y provincia de Condesuyo que es estando en este Tiaguanaco las espaldas do el sol sale a la mano izquierda […] y lo mismo mandó al otro por la parte y provincia de Andesuyo que es a la otra mano derecha. […] él ansi mismo se partió por derecho de hacia el Cuzco que es por medio de estas dos provincias viniendo por el camino Real que va por la sierra hacia Caxamalca (Betanzos, 1551, cap. II f. 4). Cuenta, también, la llegada de Viracocha a Cacha. En este episodio, lo que se expresa es la entronización de Huiracocha, que se superpone a las deidades locales. Ello puede ser visto como un procedimiento de ocupación-sacralización de un territorio desde la lógica andina. Sin embargo, desde la óptica occidental y dentro del proceso de conquista espiritual, significaría para Betanzos el reconocimiento de Huiracocha como un dios supremo. Finalmente, el mencionado dios arribó al Cuzco, lugar en donde hizo señor (es decir que reconoció como autoridad) a Alcabiza y puso el nombre de Cuzco a la ciudad. Dejando «orden como después que él pasase produjese los orejones» siguió adelante hasta Puerto 78

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