se estructura, más bien, como una congregación de creyentes en un culto estatal. Esta imagen se corresponde con una entidad flexible, es decir, la transformación de un curacazgo basado en el parentesco en un Estado inacabado, unificado por relaciones sanguíneas o rituales de parentesco y vinculado sobrenaturalmente al culto a los ancestros. A ello habría que agregar lo indicado por Ramos, quien —al analizar la Suma y Narración de los Incas—concluyó que el fundamento del poder del inca y la expansión de su dominio, presentado por el cronista, era de carácter religioso y solar naturalmente, asentado además en el Cuzco. Añade Ramos que el poder de la divinidad solar no se muestra —según Betanzos — como determinante o director del acontecer, sino como corrector para garantizar o respaldar un poder que se ha mostrado eficiente, debido a dos acciones. En primer lugar, se encuentra el «hallazgo» o entronización de la divinidad solar que se produjo originalmente en un momento de crisis. Según Betanzos, cuando numerosos caciques y pueblos se autotitulaban Cápac o «señores reyes», se levantó uno de ellos de origen chanca (Uscovilca) con el propósito de conquistar distintas partes de los Andes incluido el Cuzco. En segundo lugar, se debe mencionar el ataque chanca al Cuzco muestra un gran cambio expresado en una doble ruptura: la de los señores del entorno cuzqueño con el inca y al interior del Cuzco (léase de la élite incaica). Esta fue generacional y llevada adelante por Inca Yupanqui con los jóvenes contra el Inca Huiracocha. De esta manera, el culto al sol fue impulsado por obra del poder militar (primer militarismo), que inmediatamente se revistió de sacralidad. A partir de entonces —según Ramos y siguiendo a Betanzos—, la estructura incaica se estableció mediante el desarrollo sistemático de una técnica de integración (aunque Betanzos no haya entendido el hecho mismo), que consistió en integrar al Inca con el Sol. De este modo, adquiere el primero una capacidad arbitral frente a los curacas o señores comarcanos. Inca Yupanqui se presenta como dueño de todo, fecundador y repartidor de territorios (Ramos 1987, pp. LVII-LVIII). En el fondo, se destaca el peso de la religión en las sociedades prehispánicas y la incaica. A la vez, se pone en tela de juicio la rígida visión imperial usada para caracterizar a la organización incaica y explicar su dominio (véase Garaycochea, 2010). No cabe duda de que el poderío incaico tuvo en el sistema de creencias religiosas un soporte de primerísima magnitud. Sin embargo, tales ideas acerca de la articulación del dominio incaico en los Andes surgieron en el 75
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