Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

alguna conversación con él, apenas llegado al Perú, en la que pudo saber el material que Betanzos tenía reunido sobre el particular, más el que Mendoza pudo ofrecerle, si es que estaban en Lima las relaciones de Vaca de Castro, que alguien, conocedor del quechua, debía hacer útiles (1987, p. L). Además, el autor mencionado ha distinguido en la primera parte la siguiente estructura: el origen legendario de los incas (narración infiltrada por la historización de los relatos orales), el gobierno y los hechos de los incas en la construcción del Tahuantinsuyo, y la estructura y organización que llegó a adquirir (1987, pp. L-LI). También, hay que tomar en cuenta que, en la época en la que Betanzos compuso su obra, en particular, interesaba a la administración virreinal y la corte española absolver la cuestión de cómo los incas habían podido articular en los Andes un dominio que se mostraba importante y eficiente. Mientras, desde la perspectiva eclesial orientada hacia la evangelización, resultaba importante demostrar que las creencias y prácticas religiosas tradicionales de los indígenas —si bien idolátricas—constituían un cimiento sobre el cual se podría desarrollar su cristianización. Si bien se sabe que Betanzos recogió testimonios de la élite incaica, también es plausible pensar que accedió a lo que relataron curacas y quipucamayos, lo que fue registrado en las llamadas Informaciones levantadas por Vaca de Castro (Ramos, 1987, p. LV). Dado que en las mencionadas Informaciones el tema central es el origen y la expansión incaica, resulta fácil comprender por qué el documento elaborado por el cronista se refiere principalmente a ese asunto desde dos perspectivas: mítica-ritual y política-militar respectivamente. En cuanto a los aspectos políticos y organizativos, tenemos entendido que así como el Estado incaico habría realmente alcanzado significación hacia la época que las fuentes atribuyen al gobierno de Pachacútec, la estructura de la élite debió empezar a hacerse más compleja, puesto que hasta entonces los incas no habrían hecho sino compartir con las cabezas visibles de otros grupos la calidad de grandes autoridades (Regalado, 1996a, p. 57)37 y esta situación parece haber sido también captada por nuestro cronista. En lo que concierne a los objetivos perseguidos por la Iglesia católica en los Andes, hay que recordar que este cronista se mostró «siempre próximo a los sectores de la Iglesia e impregnado del ideal evangelizador en los Andes» (Armas, 2002, p. 193). De todas maneras, vale la pena recordar que el parentesco entablado con un sector importante de la élite incaica, debido a su matrimonio con una 73

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