considerado la existencia de dos incas de manera paralela. Sobre esta última hipótesis, quienes consideran la coexistencia de las parcialidades cuzqueñas están de acuerdo en plantear que, de manera simultánea, gobernaron el Tahuantinsuyo un inca de Hanan Cuzco y un inca de Rurin Cuzco. El primero es identificado normalmente como el responsable de las relaciones del Cuzco con las distintas etnias andinas y era quien organizaba la redistribución, la convocatoria de mitas y las acciones militares. Por su parte, el llamado Inca Rurin es identificado como el responsable de las relaciones de los incas con los seres sobrenaturales, por lo que organizaba las ceremonias religiosas incaicas. Al mismo tiempo, el Inca Rurin también estuvo asociado con todo el sistema logístico del Tahuantinsuyo, dado que, al manejar el calendario y el sistema de quipus, era una suerte de responsable de la organización de la producción. Adicionalmente, este mismo estaría vinculado a la organización de las acllas cuzqueñas, importantes tejedoras y preparadoras de productos rituales. En esa medida, entre sus funciones también estarían las de administrar el aparato cuzqueño destinado a producir los recursos rituales necesarios para la celebración de las fiestas religiosas incaicas y para el reparto de dones, que obligatoriamente se debían repartir en toda convocatoria de mano de obra destinada a la mitas30. A su vez, la historiografía sobre los incas —y, en esto hay bastante acuerdo— ha asumido que la más importante nobleza cuzqueña, la llamada nobleza de sangre, estuvo dividida en diez o doce grupos de parentesco identificados como «panacas». Estas habrían sido fundadas históricamente a partir de la descendencia de cada uno de los gobernantes del Cuzco e integraban a toda esta. Entre las principales funciones asociadas a las panacas estaban la de cuidar la momia del su fundador, además de preocuparse por mantener activa su memoria. Debe señalarse, sin embargo, que la construcción de esta imagen de la élite incaica ha sido construida básicamente a partir de la obra de Pedro Sarmiento de Gamboa, y que existen razones poderosas para asumir que las llamadas panacas son un producto historiográfico, como se ha demostrado anteriormente (Hernández Astete, 2008, 2012). Como se ha mencionado ya, la existencia de dos sectores de la élite incaica vinculados con los dos «barrios» en los que se dividía el Cuzco (Hanan Cuzco y Rurin Cuzco) —a los que se integraban los aillus reales— permitió abandonar la idea de la existencia de una realeza entre los gobernantes cuzqueños (Rostworowski, 1983; Pease, 1991; Bravo, 1986, 62
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