Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

los emisarios de Atahualpa, quien se enfrentaba abiertamente con el bando de Hanan Cuzco —al cual renunciaba autoproclamándose de Rurin Cuzco — y amenazaba con «matar a Atahualpa y a todos sus deudos y de su linaje que eran de Hanan Cuzco y hacer de nuevo linaje de Rurin Cuzco» (Betanzos, 1987, p. 210). Si bien esta información de Betanzos podría relacionarse con la justificación de la actitud posterior de Atahualpa — debido a su filiación con la familia de este inca—, el hecho de que tanto Sarmiento como Betanzos mencionen estas prácticas permite pensar en que estas eran habituales entre los miembros de la nobleza incaica. Así las cosas y conscientes de las notables diferencias culturales y — sobre todo— las distintas maneras de entender el pasado entre conquistadores y andinos, conviene preguntarse en torno a nuestras posibilidades de acercamiento a la historia incaica y al tipo de recuerdo al que se puede acceder e historiar. Definitivamente, aun cuando el tema de las luchas por las memorias merece un estudio de largo aliento, intentaremos aquí abordar un tema pequeño: la lista de incas o Cápac Cuna. En este sentido, la primera pregunta por plantearse es si es posible una relación de incas fiable. Intentemos dar sentido a esta historia. Empecemos por recordar que, dentro de la élite incaica, los cronistas distinguieron una nobleza de sangre y una nobleza de privilegio, de menor nivel jerárquico. Al mismo tiempo, considerando o no la hipótesis de la dualidad, la élite incaica se concibe dividida en dos sectores, los que corresponden también a la propia división del Cuzco: Hanan Cuzco y Rurin Cuzco. Sin embargo, sobre este tema, existen también notables diferencias. De un lado, se encuentran aquellos que consideran que esta división correspondió a la existencia de dos dinastías sucesivas que se sucedieron en el poder cuzqueño27. Por otro lado, como es por todos conocido, se ha entendido también la presencia de Hanan Cuzco y Rurin Cuzco como grupos paralelos28. Dependiendo de la manera como se entienda la nobleza incaica, se han desarrollado también dos tendencias sobre la figura del inca. Así, quienes abrazaron la tesis de la sucesión de dinastías entendieron al Tahuantinsuyo como una monarquía, gobernada por trece o catorce incas, en la mayoría de casos29. Los trece incas habrían gobernado el Tahuantinsuyo de manera sucesiva. En este sentido, vale la pena recordar que casi podemos componer una lista de incas por cada cronista que se ocupó de la historia cuzqueña y que, incluso, Fernando de Montesinos (1930) construyó —en el temprano siglo XVII— una relación de gobernantes integrada por más 60

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