Un tema importante en el recuerdo de los gobernantes incaicos es el lugar preferencial que adquirieron tanto Manco Cápac como Pachacútec25, visiblemente los dos arquetipos cuzqueños asociados con la fundación del Cuzco, el primero; y con la gran expansión incaica, el segundo. Es así como parece que, si bien cada uno de los aillus cuzqueños buscaba acrecentar o mantener la memoria de su inca y que el culto a su fundador era una exclusividad de cada grupo, Manco Cápac es reverenciado y recordado por toda la élite. Ello es sugerido por Pedro Sarmiento de Gamboa, al mencionar sobre Chima Panaca, la panaca de Manco Cápac: Y es de notar que los de este ayllu siempre adoran la estatua de Manco Capac, y no las demás estatuas de los incas, y los ayllus de los demás incas adoran siempre aquella estatua y las demás (1988, p. 64). Las fuentes dan cuenta, también, del gran poder que tenía la parentela de Pachacútec, asociado por cierto con la gran fuerza de su recuerdo al momento en que los cronistas recogieron su información en el siglo XVI. En este sentido, es revelador el hecho de que Huaina Cápac, en una suerte de visita a cada uno de los incas muertos, establezca una jerarquía al pasar más tiempo en el culto de Manco Cápac y Pachacútec, y doblara los recursos del primero, pues los encontró escasos. Así, aunque es verdad que también beneficia a los bultos de Túpac Inca y Yamque Yupanqui —el primero, su padre; y el segundo, una especie de tutor en la versión de Betanzos—, queda clara, en la versión de Betanzos de la reorganización de la élite realizada por Huaina Cápac: la supremacía de Manco Cápac y Pachacútec sobre todos los demás (Betanzos, 1987, p. 182). Las disputas por el poder podrían llevar a los miembros de la élite a realizar acciones violentas destinadas a desaparecer la memoria de sus enemigos, incluso destruyendo la momia del fundador. Ese es, por ejemplo, el caso de la guerra entre Huáscar y Atahualpa en la versión que ofrecen tanto Juan de Betanzos como Pedro Sarmiento de Gamboa, pues, luego de la victoria de Atahualpa, se organizó la venganza contra los partidarios de Huáscar26. Esta misma incluyó que Chalcuchímac quemara el cuerpo de Túpac Inca Yupanqui, del que solo se encontraron sus cenizas adoradas en Calispuquio (Sarmiento, 1988, p. 137). Es posible suponer que estos relatos fueron fabricados por Sarmiento con el propósito de justificar la muerte de Atahualpa al evidenciar su crueldad. Sin embargo, como se ha mencionado, Juan de Betanzos da cuenta también de actitudes similares cuando menciona la amenaza de Huáscar a 59
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