Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

mismos reyes que fuesen hordenados cantares honrados y que en ellos fuesen muy alabados y ensalçados, de tal manera que todas las jentes se admirasen en oyr sus hazañas y hechos tan grandes; y quéstos no sienpre ni en todo lugar fuesen publicados ni apregonados, sino quando estuviese hecho algúnd ayuntamiento grande de jente venida de todo el reyno para algúnd fin y quando se juntasen los señores prençipales con el rey en sus fiestas y solazes o quando se hazían los «tequis» o borracheras suyas. En estos lugares, los que sabían los romançes a bozes grandes, mirando contra el Ynga, le contavan lo que por sus pasados avía sido hecho; y si entre los reyes alguno salía remiso, covarde, dado a biçios y amigo de holgarsin acreçentar el señorío de su ynperio, mandavan que destos tales oviese poca memoria o casi ninguna; tanto miravan esto, que si alguno se hallava era por no olvidar el nonbre suyo y la suseçión; pero en lo demás, se callava sin contar los cantares de otros de los buenos y valientes (Cieza, 1986, p. 28). De referencias como la anterior se desprende la idea de que no todos los incas gozaban del mismo protagonismo en la memoria de la élite. Por ello, sus descendientes debieron emprender acciones destinadas a avivar la memoria existente sobre su fundador, pues del recuerdo que se tuviera de su ancestro dependía su papel en la configuración del poder en cada situación sucesoria. Un criterio considerado en la configuración de la memoria colectiva de la élite era el que se refería a las conquistas realizadas por cada inca. En este sentido, resulta importante recordar que la información que nos dan las crónicas sobre las conquistas incaicas están mostrando el relato de estructuras rituales, pues se nota en las fuentes que todos los incas iniciaban sus conquistas en el Cuzco, para luego regresar triunfantes a la ciudad sagrada en un recorrido que seguía el sentido de las agujas del reloj. Esta idea —planteada por Pease (1991, p. 74)— nos permite entender mejor por qué, por ejemplo, en cierta documentación administrativa, los incas tardíos se encontraban todavía conquistando los alrededores del Cuzco, así como el hecho de que algunos cronistas mencionen a diferentes incas conquistando a los mismos pueblos y venciendo a los mismos enemigos24. Este hecho, en lugar de sugerir la falsedad de las conquistas, nos lleva a pensar que los recuerdos de aquellas estaban organizados por las pautas rituales de la memoria andina. Además, se encontraban sometidos a un evidente manejo de la información por parte del Cuzco y las panacas cuzqueñas, probablemente asociadas también con la idea de que el nuevo inca debía construir su «propio Tahuantinsuyo». 58

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