Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

un gran conocedor de las lenguas originarias —por lo menos, del quechua — y su vida en el Cuzco le había permitido conversar largamente con los descendientes de los incas. De allí, su obra resulta de vital importancia para el estudio del Tahuantinsuyo. En esta ocasión, utilizaremos su obra — naturalmente, contrastándola con otras fuentes—, sobre todo, para estudiar la visión de historia que tuvieron los hombres andinos y resolver una pregunta tan elemental como la de si es posible o no establecer una lista de gobernantes razonable o si, por el contrario, es mejor abandonar esta empresa, debido al tipo de memoria que tuvieron los hombres andinos. En ese sentido, es conocido entre los estudiosos de la historia más antigua del Perú el hecho de que la tradición oral andina e incaica tuvo una visión del pasado distinta a la memoria histórica occidental y que, dada la oralidad de la transmisión de sus memorias, las escenificaciones rituales tuvieron vital importancia en la incorporación de registros en la memoria colectiva. Este tipo de memoria ritual, que incluía una visión particular del pasado, fue estudiada por Pease. Este último llamaba la atención en 1995 acerca de cómo —luego de las guerras civiles entre los conquistadores en los Andes— las autoridades de Potosí organizaron una gran fiesta de acción de gracias en la que también participó la gente andina asentada en la zona. Ello se realizó a través de rituales, en los que desfilaban los incas en andas, mientras a su paso se informaba sobre sus hechos y conquistas. Estos rituales fueron identificados posteriormente como procesiones por Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, mediante su registro en el siglo XVIII (Arzáns, 1965, t. 1 p. 98; Pease, 1995, p. 102). Estas escenificaciones — abiertamente organizadas para mantener y, en algunos casos, modificar la memoria oral— fueron continuadas por la población andina colonial y republicana. Cabe anotar que se sabe que la memoria oral transformaba los hechos con miras a adaptar su recuerdo a las necesidades o conveniencias del momento. Este es el caso, por ejemplo, de la muerte de Atahualpa, pues la población andina transformó el garrote en decapitación21, aparentemente porque se garantizaba la posibilidad de su reconstrucción a partir de su cabeza ubicada en algún lugar de los Andes. Se daba lugar así a esperanzas mesiánicas, como las posteriores versiones del mito de Incarrí —inmersas ya en la tradición andina colonial— que adoptó visiones europeas en su concepción del mundo (Pease, 1991, p. 163 y ss.). Es sabido, también, que el tipo de recuerdo que manejaban los informantes andinos del siglo XVI era distinto al que requerían los cronistas interesados en registrar hechos verificables de la historia del 55

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