capacidad de la fertilización y del bienestar social y cósmico. Se ha visto que la oscuridad y la ausencia de objetos brillosos en las fases iniciales de nacimiento, casamiento y muerte denotan tiempos de crisis o aún de muertes transicionales. Illa parece estar ligado a la luz en la oscuridad como el relámpago o, de un modo más directo en el caso de las incas (entre la muerte física y la purucaya), de la adquisición de la energía de calor, luz, fertilidad, etcétera, que convierte la muerte en vida o que convierte al cadáver (aya) en individuo. Ello lo realiza con una fuerza superior a la que poseía en su vida anterior, por lo que los bultos de los incas recibían el nombre de illapa o «poseedores de illa» (Albornoz, 1989, p. 167). Es, aparentemente, esta la esencia de la ancestralidad incaica. CONCLUSIONES Como indica el título de este trabajo, el afán ha sido presentar una lectura a la que se puede agregar el adjetivo «comparativa», en vez de un estudio crítico de orden filológico o historiográfico. A través de esta lectura se ha buscado precisar si las pretensiones de Betanzos de respetar los modos de narración y los conceptos de historia incaicos puedan aclarar —por medio de discusiones apropiadas— la lógica de las temáticas presentadas y la lógica o estructura de las secuencias. Semejante enfoque debería presentarse de una manera mucho más exhaustiva de lo que fue posible. Sin embargo, por lo general, surge la impresión de que el estilo de la primera parte a menudo se parece más al quechua que al castellano. Esta impresión se refuerza por una serie de comentarios del autor, que reflejan sus problemas de comprensión de la información transcrita. No obstante, el argumento principal es el detenimiento en aspectos a los que los historiadores (o los cronistas del siglo XVI y XVII) no suelen prestar mayor atención: el papel predominante de los rituales, las ceremonias y las fiestas. Este aspecto es muy notable en la primera parte, pero poco destacado en la segunda, puesto que los protagonistas Atahualpa y Huáscar expresamente comparten su desinterés o su rechazo, lo cual es visto como la causa principal del desastre, de la desunión y, por último, de la desaparición de su mundo. La narrativa secuencial densa detalla los eventos violentos entre victimarios y víctimas, el caos. El estilo pausado y repetitivo de la primera parte, en cambio, enfatiza la ciclicidad como mecanismo seguro de un mundo ordenado, del cosmos. Un valor agregado a esta secuencialidad son las descripciones detalladas de los actos y de la 51
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