sus antepasados: el de cazador. Después de una visita a la provincia de Vilcas, «estubose en la ciudad [del Cuzco] holgando seis meses en sus fiestas y regozijos» (f. 90v), para luego desplazarse a Ayavirí y Oruro con la intención de cazar «venados y guanacos y vicuñas [...] y otros animales y caças silvestres» (f. 90v). Se queda por seis meses y regresa al Cuzco con «mucha y muy gran cantidad de caça» (f. 90v), cuyas fiestas se interrumpen por la muerte de su madre y la necesidad de llevar a cabo la purucaya para ella. Luego, vuelve Ayavirí para cazar nuevamente durante un mes cuando sucede el nacimiento de su hijo Atahualpa (f. 92). Este botín es esencial para los sacrificios y las fiestas, así como la repartición entre los habitantes del Cuzco. Con ello, se puede resumir que existen ciertos papeles que cada Capac tiene que cumplir a cabalidad: el de guerrero, de arquitecto, de cazador y de renovador del mundo. De ese modo, se parecen a los soberanos del Viejo Mundo, en particular, los faraones del Antiguo Egipto (véase arriba). Todo ello se encuentra enmarcado en fiestas y sacrificios suntuosos, los cuales incluyen tanto animales domésticos como silvestres, como aves en «muy mucha suma como son águilas, halcones, perdizes, abestruzes e todas las mas aves bravas y otros muchos animales tigres, leones e gatos silvestres», pero también vidas humanas, en particular las de niños (f. 39v40). Fuera de estos roles, existen otras fiestas relacionadas con el ciclo vital del inca. Se las puede resumir de la siguiente manera: el nacimiento, el casamiento y la muerte; se inician en ambientes oscuros durante varios días normalmente en presencia de mujeres como la madre, su novia y su suegra. Se trata de una especie de muerte transicional, como ritos liminales acompañados por sacrificios de animales o humanos (capacocha) a los bultos de los dioses y de los ancestros. Después de un tiempo variable — en el caso del nacimiento y de la muerte, luego de un año—, se realizan ceremonias en público, a menudo en la plaza central del Cuzco y en la presencia de los nobles. En estos actos, se le otorga un nombre, se le corta el cabello; cuando llega a la adultez, se le perforan los lóbulos para insertar las orejeras y se le convierte en «bulto» después de la muerte. Estas secuencias, por tanto, representan ciclos de identidades cambiantes expresadas en el otorgamiento de nombres y en su aspecto exterior. Puesto que estos cambios son potencialmente peligrosos demandan intimidad y oscuridad, mientras que el resultado exitoso está legitimado por los 47
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx