puesto que se apoya en su gobierno, sobre todo, en dos de sus hijos: Yamque Yupanqui y Topa Inca. Ellos, luego, se convierten en capaccuna y se encargan de la educación de su nieto Huayna Cápac, el último soberano antes de la llegada de los europeos y el último que mantiene los principios introducidos por Pachacuti. Si este último incorpora (literalmente) el papel de ancestro y de abuelo, Yamque Yupanqui y Topa Inca son los hermanos (huauqque) con la función de sinchis, y Huayna Cápac es el joven por excelencia, como indica su nombre y su participación en ceremonias relacionadas con el corte de pelo y renovador. Es la armonía entre los hermanos que contrasta como ideal con la forma negativa presentada por el otro par de los hermanos, Atagualpa y Guascar. Si Pachacuti destacó en la construcción de la ciudad del Cuzco y del Templo del Sol, Topa Inca se encarga de la construcción de Sacsahuaman (cap. XXXVII, f. 82v-f. 84) y del pueblo de Chinchero (cap. XXXVIII, f. 84-f. 84v). Después de fiestas y sacrificios celebrados sobre un lapso de cuatro años con motivo de la pacificación de rebeliones, pensó en construir un fuerte con el fin de que «viese y considerarse la gran suntuosidad de su pueblo y como fuese cabeça de toda la tierra» (f. 82v). Como Pachacutec, Topa Inca se empeña en ser el arquitecto que realiza sus «sueños». Los trabajos están descritos con detalles minuciosos, luego de los cuales se celebran «grandes fiestas y sacrificios al sol y a las demás guacas parescióle que hera bien hazer un pueblo [Chincheros] [...] para que del hubiese mas memoria» (f. 84). Ello evidentemente repite el motivo principal que le impulsó a llevar a cabo la construcción de la fortaleza. Su hijo Huayna Cápac actúa de la misma manera, en este caso, al construir el templo de Raqchi (cap. XLV, motivado por un milagro del dios Viracocha, del que quedaron manchas del fuego, «y biese la quemazón quiso que hubiese de esto mas memoria y luego mando que le fuese edificado a aquel çerro quemado un galpón y casa grande y es tan grande que otro mayor no lo ay en la tierra» [f. 92v]). Además, urbaniza el valle de Yucay. Con ello, queda claro que cada soberano trata de superar lo logrado por sus antepasados con el fin de que le sirvan de memoria (véase arriba las inscripciones del Antiguo Egipto: «que su nombre dure»). Huayna Cápac, en particular, cumple el papel de renovador del mundo, del Cuzco, del culto al sol y de los antepasados (caps. XL-XLII). Como ejemplo de la minuciosidad de descripciones de rituales, se puede observar el siguiente caso: 45
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