Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

seña a los del artillería y como la viesen dispararon los tiros y alcabuzes y luego salieron todos de golpe y dieron en la gente del Ynga, alançeando los de cavallos en ellos y los de a pie cortando con sus espadas sin que los del Ynga los resistiesen en cossa ninguna. Y como ellos viesen la cosa tan súpita [sic] y no vista tal en sus días, quedaron tan atónitos los yndios que sin se defender, viendo la gran matança que en ellos se hazía, procuraron de huir. Y fue tanta la gente que cargó a salir por una puerta de la plaça y los españoles tanta la porfía que en matar en ellos tenían, que se arrimó gran cantidad de gente de los yndios a un lienço de pared de los que la plaça çercavan, que le derribaron con el gran renpujar que hizieron, viendo la gran matança que en ellos se hazía; la qual pared hera de dos pies en ancho y poco más de un estado en alto de tierra y muy ruinmente hecha y no de ladrillo y cal para tenerse por cossa de admiraçión. Y llegaron çiertos de a cavallo a las andas do el Ynga estava y con las espadas cortaban los braços y manos de los señores y prinçipales que las andas tenían a cuestas, por derribar las andas y que el Ynga saliese dellas; y, aunque les cortavan los braços y manos, ellos forsejavan a sustentar las andas con los troncones que les quedavan hasta que mataron çiertos dellos y las andas estuvieron [f. 135v] medio derribadas. Y estando ansí llegó uno de cavallo y puniendo las piernas al cavallo hizo que pusiese las manos el cavallo en las andas, pensando que el Ynga uviera algún favor; y como el Ynga estava enbriagado y uviesse visto lo que pasava, aunque vio venir el cavallo y poner las manos en las andas no hizo mudamiento ninguno. Y luego los de cavallo fueron de allí a otra parte do vieron que avía gran cantidad de gente e ansí quedó el Ynga sentado en sus andas. Y luego cargó allí mucha gente de los suyos a ponerse delante del Ynga para que los matasen a ellos antes que al Ynga porque los peones venían matando y haziendo grande estrago en ellos. Y como el Ynga estuviese de la manera que avéis oydo, entró por entre los yndios y los demás españoles el marqués don Françisco Piçarro y llegó donde el Ynga estava y sacole de las andas al Ynga y de entre tanta multitud de yndios y españoles que ya yban sobre él y llevole consigo a su alojamiento. Y al tienpo que llegó el Marqués a do el Ynga estava, llegaron otros muchos de los suyos al Ynga y queríanle matar, y el Marqués por le defender hiriosse en una mano en las espadas que sobre el Ynga yban y ansí se lo defendió y desta manera fue preso el Ynga Atagualpa en Caxamalca. Y después de presso Atagualpa, el Marqués le tubo en su apossento y hizo que no le tomase nadie cossa que fuesse suya. Y otro día de mañana 387

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