Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

Capítulo xxii. En que trata de cómo el Marqués puso su gente en horden y esperó a Atagualpa y de cómo Atagualpa entró en consulta después que los españoles partieron de donde él estava y de las cosas que le dijo en su acuerdo Çiquinchara. Como bolviese aquel capitán a Caxamalca de buelta de averse visto con el Ynga, el qual como partiese de los baños donde al Ynga dejava después de averle passado con él lo que avéis oydo, llegó a Caxamalca donde halló al [f. 131v] Marqués, que estava esperando al Ynga, y como llegase aquel capitán contole lo que le avía passado con el Ynga y la gran gravedad que mostrava y que no avía querido venir con él y que le dijo que otro día bernía. Y el Marqués le preguntó al capitán que qué arte y aspecto de hombre tenía el Ynga. El capitán le dijo que le paresçía hombre de treinta años y que se demostró con gran magestad y que hera tanta su gravedad que no avía querido hablar con él sino por terçera persona, que lo que ansí habló con ellos que le dezía él allí a un capitán suyo, aunque ellos estavan allí junto con él y que aquel capitán le dezía a la lengua y la lengua se lo dezía a ellos; y que quando ansí hablava, que mostrava un rostro muy sereno y las palabras muy graves, y que esto avía entendido que hera su usança de hablar por terçera persona con quien con él negoçiava. El Marqués le preguntó que qué gente tenía el Ynga. El capitán le dijo que le paresçió tanta que en su vida no avía visto otra tanta junta de yndios y que le paresçió que avía más de quinientos [entre renglones: yndios] para cada español de los que allí estavan. Y el Marqués le dijo: Pues nos tenemos a Dios y a su bendita madre, que será en nuestra ayuda. Y luego miró el sitio y manera del pueblo de Caxamalca para ber [testado: lo] quál hera lo más fuerte, si uviese de tener batalla, y paresçiole que lo mejor dello hera la mesma plaça. Y ansí dividió sus capitanes, los puso en çiertas casas grandes de la mesma plaça y dioles la horden que avían de tener y cómo avían de arremeter a sus enemigos al tienpo que entrasen por las puertas de aquella plaça y dioles çierta seña que avían de tener y se avía de hazer para que ansí todos juntos arremetiesen y animándolos con toda balerosidad, teniendo que la voluntad divina le avía de favoresçer en una cosa tan 379

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