Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

chicha alguna ponçoña no lo quisieron bever; y algunos dellos bevieron sin temor de cossa y, como beviesen, dieron los basos a los yndios que se los avían dado y ansí les bolvieron todos los basos que les avían dado. Y como esto fuese hecho, un cavallero de los que alíi yban, paresçiole que sería bien dejalle al Ynga una joya de su mano para con él tomar amistad; y llegose al Ynga así a cavallo como estava y sacó un anillo de su mano y dávaselo al Ynga y como el Ynga hera grave no quiso resçebir ni hizo mudamiento ninguno mostrando açeptar lo que le dava. Y como el cavallero que se lo dava viese que no se lo quería resçebir, porfiava con el Ynga a que se lo resçibiese. Y como esto viese el Ynga mandó a Unanchullo que lo resçibiese él y Unanchullo lo resçibió; y el cavallero [f. 131] dijo a Unanchullo que se lo diese al Ynga, que no se lo dava a él. El Ynga dijo a Unanchullo que él lo dava por resçebido. El cavallero no quiso desto ser satisfecho y llegose con su cavallo tan çerca de donde el Ynga estava, que con el resuello y ayre que hechava el cavallo por las narizes le lebantó una o dos vezes al Ynga la borla que delante de los ojos tenía puesta, que hera la ynsignia y manera de corona que tenía de señor según su usança, de lo qual el Ynga fue muy ayrado e mandó a Unanchullo que le bolviese el anillo y que les dijesen que se fuesen de allí. Y luego le bolvieron el anillo y el Ynga nunca hizo ningún mudamiento de allí donde estava ni señal con su persona de aver resçebido favor, aunque llegó a el cavallo tan çerca dél. Y le fue mandado a Çiquinchara que se lebantase y dijese a los españoles que se fuesen, que el Ynga yría otro día a Caxamalca, como ya avía dicho. Y los españoles escaramuçaron un poco un cavallo allí delante del Ynga y haziendo al Ynga una manera de cortesía, abajando las cabeças se salieron diziendo al Ynga que otro día le esperavan en Caxamalca y ansí se partieron de donde el Ynga estava, sus lanças en las manos. Y pasado que uvieron el arroyo, como se viesen en la otra parte en lo llano, escaramuçearon los cavallos todos juntos y corriéronlos, todo lo qual mirava el Ynga desde çierta bentana desde la otra parte. Y como le viesse fue muy maravillado y dijo MANA UNANCHANGA RUNAM CAICUNA, que dize gente es ésta de que no se puede tomar entendimiento10. Y dejarlo hemos aquí al Ynga y hablaremos de cómo bolvió el capitán al Marqués y de lo que el Marqués hizo tenida razón de lo que pasava. 378

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