Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

Y como el Ynga oyesse esto, quedó admirado de lo aver oydo. Y como él los uviesse tenido por dioses y los quisiese servir y reverençiar como a tales, pessole de aver sabido tal nueba y dijo a Çiquinchara: Dime, pues, ¿por qué caussa le llamáis Viracocha?. El Çiquinchara le dijo: Yo no los llamo Viracocha sino Supaicuna, que dize demonios. Y el Ynga le dijo: Pues ¿quién los llama Viracocha?. Respondiole el yndio: Los bestiales de los yungas les llamaron ansí, pensando que heran dioses. El Ynga le dijo: Verdad es que los tallanes que ellos me enbiaron, el Viracocha me dijeron que hera, y no se me acordó de les preguntar qué avía visto en ellos para tenerlos por Viracocha y llamarlos ansí, mas pues tú los as visto y bien entendido, dime lo que demuestran paresçer luego ansí como los ven porque estoy deseoso saber. El Çiquinchara le dijo: Çapa Ynga, que dize solo señor, as de saber que ellos traen unas obejas grandes y muy altas y caminan ençima dellas y adonde ellos quieren que vayan e los llevan allí van y si quieren que corran corren estas obejas yendo ellos ençima; y quando ansí corren hazen tanto estruendo que hazen tenblar la tierra y paresçe este estruendo, como quando lluebe que haze un estruendo en el çielo. Y ansimismo traen çierta cossa que paresçe ser hecha de plata y gueca y echan dentro della çierta cossa como zeniza y péganle fuego por un agugerillo que tiene por bajo della y, como pega este fuego, sale por el gueco desta cossa de plata una gran llama y luego da un tronido que paresçe al truendo [sic] del çielo y paresçe casi a él. Quando yo le vi y oy verdaderamente yo tuve gran temor la primer vez y como le viese hazer aquello siempre, ya no le tuve temor porque miré que el trueno del çielo mata gente y éstos que éstos trayan no matan a nadie sino espanta solamente. Y ellos son blancos y barbudos y bístense de manera que no hemos visto gente nunca de su manera y, a los que no los han visto como yo, luego que los vean pensarán que son dioses; mas dígote, Çapa Ynga, que no son sino gentes saltheadoras y derramadas. Y el Ynga le dijo que qué le paresçía que se haría con ellos. Respondiole que los devía matar a todos porque heran saltheadores y malas gentes. [f. 128] Y el Ynga le dijo que de qué manera los podrían matar a todos. Y el Çinquinchara [sic] le dijo que fáçilmente los matarían sin que se arriscasse cossa. El Ynga le dijo: Pues ¿de qué arte te paresçe a ti que se hará?. El Çiquinchara dijo: Solo señor, as de saber que estas gentes tienen de costunbre de alojarse juntos en una cassa y dormir ansimismo todos juntos dentro della, parésçeme que haziéndoles una cassa grande con muchas çercas y muchos aposentos con muchas rebueltas dentro en que se aposenten, que como sea 372

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