Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

nuebamente a su tierra venían, holgose con este Çiquinchara y metiose a solas con él en çierto aposento. Y siendo solos, díjole el Ynga a Çiquinchara: Dime Çiquinchara, qué gente es ésta que nuebamente es venida a mi tierra, que si son los dioses hazedores del mundo servirlos he y reverençiarlos he como [f. 127] a tales; y hágote saber que me he holgado de su venida por aver venido en mi tienpo porque me den horden a mi buen govierno y sustentaçión, que no sin causa an venido en mi tienpo. Agora me di qué sientes destas gentes que te digo, porque conforme a lo que tú me dijeres, ansí pienso de dar horden en lo que me tengo de hazer. E Çiquinchara le dijo al Ynga: Solo señor, pues me preguntas y mandas que te diga y dé razón de lo que yo he tanto deseado venir a te ynformar porque entendí de los tallanes que de acá fueron que no te dieron razón de lo que te devían ynformar y no les pongo culpa, porque quando el señor de aquellos Viracochas, que ellos llaman Capito, tanpoco tenía yo entendido dellos lo que ellos heran y tanbién estava yo tan sin entendimiento dello como ellos. Hágote saber, solo señor, que yo he benido con ellos hasta llegar a Caxas y todo el tienpo que con ellos vine he procurado saber qué gente fuese por ver si hera el Contiti Viracocha y los Viracochas que en el tienpo antiguo vinieron y hizieron el mundo y las gentes del. Y como yo esto aya querido ver y saber, vi y entendí dellos que son hombres como nosotros, porque comen y beven y se visten y remiendan sus vestidos y conversan con mugeres y no hazen milagros ningunos, ni hazen sierras, ni las allanan, ni hazen gentes, ni produzen ríos, ni fuentes en las partes donde ay nesçesidad de agua; porque pasando por partes estériles desto traen agua consigo en cántaros y calabaços y el Viracocha que antiguamente hizo el mundo hazía todo lo que he dicho y éstos no hazen desto cossa. Antes e visto que son afiçionados a toda cossa que ven y bien les paresçe la toman para sí, donde son mugeres, moças y basos de oro y plata y ropa buena; traen ansimismo en unas quilla e guascas, que dize sogas de yerro, yndios atados que les traen sus cargas y petacas en que traen sus vestidos, a los quales les hazen malos tratamientos y doquiera que llegan no dejan cossa que no ranchean y tan fáçilmente lo toman como si fuesen suyo propio. Y éstos son muy poca gente, porque yo los he contado que son hasta çiento y setenta o çiento y ochenta y no llegan a doçientos; y a lo que a mí me paresçe destas gentes, que deven de ser quitas pumarangra, que dize gentes sin señor, [f. 127v] derramadas y salteadores. 371

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