en última instancia, en casos extremos de paralelismo idiomático como el del quechua y el aimara, el discernimiento de si estamos frente a una u otra lengua depende del grado de conciencia metalingüística que se tenga de ellas, lo cual es mucho pedir a quienes solo poseen un saber idiomático empírico15. EL QUECHUA DE BETANZOS Que sepamos, nadie se ha preguntado hasta ahora, por lo menos de manera explícita, sobre la variedad quechua que asoma en la crónica de nuestro autor. Parece asumirse implícitamente que el cronista estuviera echando mano de la «lengua general» a que hacen referencia los documentos de la época. Dicha designación, sin embargo, resulta siendo imprecisa y hasta contradictoria, desde el momento en que, dependiendo de la época y del contexto de uso, puede tener varios referentes, como lo han señalado Itier (2011) y Cerrón-Palomino (2013b, I, nota 2), entre otros. De manera que cuando, por ejemplo, el Inca Garcilaso menciona que Betanzos se reputaba como eximio lenguaraz «en la lengua general de aquella tierra», y aun cuando no tuviera ocasión de leer nada suyo, estamos seguros de que el referente que le asignaba a dicha expresión distaba mucho de ser aquel que le daban el propio Betanzos y la misma nobleza cuzqueña de aquel entonces. Y es que, de haber podido el Inca leer los escritos del cronista, no habría vacilado un instante en tildar su quechua de bastardo y corrupto, es decir en los mismos términos en que lo juzga cuando aparece bajo la pluma de Cieza de León, López de Gómara o Agustín de Zárate, por mencionar a algunos de los historiadores a quienes cita (ver, para todo esto, Cerrón-Palomino, 2013b, I, § 2). Así, pues, para Garcilaso, el de Betanzos no podía ser el quechua de sus ascendientes por línea materna, y sí, más bien, un quechua «bastardizado» en labios de los españoles. Tenemos la impresión de que esta calificación ha sido asumida también implícitamente por nuestros historiógrafos, imposibilitados de evaluar los conceptos vertidos por el mestizo historiador. ¿Qué habría de cierto en todo ello? Al respecto podemos decir que, gracias a los estudios históricos y dialectales del quechua, hoy estamos en condiciones de sostener no solo que el quechua de Betanzos constituye una buena muestra de lo que los primeros españoles llamaron «lengua general», en el sentido que le da a la expresión el primer gramático de la lengua, es decir nuestro Nebrija 31
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