Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

que trata de explicar, analíticamente, los alcances del significado del nombre mencionado (ver Cerrón-Palomino, 2013a, I-4: § 1. 3. 3). VERSACIÓN QUECHUA La competencia adquirida por el cronista en la lengua índica se deja ver no solo en la transcripción y en la glosa acertada del abundante léxico y de las frases y enunciaciones (locuciones, arengas y declaraciones) con que hilvana su narración sino también en la manera fiel como trasunta la sintaxis quechua subyacente a su discurso vertido al castellano. Lejos estamos aquí del quechua balbuciente de cronistas como Cieza de León, quien también consigna de vez en cuando frases y expresiones en quechua, para buscar demostrarnos indirectamente lo poco que había aprendido en sus viajes y bajo la tutela de su maestro fray Domingo de Santo Tomás (Cieza de León 1984 [1553], p. 143). Sin embargo, hay por lo menos un pasaje en la obra de nuestro cronista en el que su pericia idiomática deja deslizar alguna duda. Nos referimos, concretamente, al valioso registro que nos ofrece del cantar que ordena componer el inca Pachacutiy tras su victoria sobre los soras. El pasaje en referencia, que se encuentra en el capítulo XIX (fol. 45v) de la Primera Parte de la Suma, tiene la virtud de registrar inusitadamente un texto aimara, pero que el historiador, al consignarlo sin comentario alguno, parece darlo como quechua, y se contenta con parafrasearnos su glosa. De esta manera, como lo hemos señalado en otra parte, el cronista nos ofrecía una verdadera joya lingüística, al probarnos, sin sospecharlo, que la lengua «oficial» del inca mencionado y la de su pueblo en su conjunto era hasta entonces el aimara y no el quechua (Cerrón-Palomino, 2013a, I-1). ¿Hasta qué punto, sin embargo, dicho desliz puede ser invocado para poner en tela de juicio la pericia idiomática del cronista? En verdad, el caso de Betanzos no sería el único en mostrarnos semejante ligereza, pues, sin ir muy lejos, el Inca Garcilaso no le iba a la zaga en dar como quechua términos y expresiones que ahora sabemos que eran ajenos a la lengua; solo que, a diferencia del primero, el ilustre mestizo quechuizaba a fortiori todo aquello que no calzaba con su quechua (ver Cerrón-Palomino, 2013a: I-1, 2). Modernamente, además, no han faltado quechuistas que tradujeran canciones aimaras como si fueran quechuas14. De manera que tales descalabros no son infrecuentes, y por tanto no descalifican la competencia idiomática de quienes los sufren, pues 30

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