Domínguez, y es muy probable también que todos, o parte de ellos, hayan sido reconocidos oficialmente por el Primer Concilio Limense (15511552) convocado por el arzobispo Jerónimo de Loayza (Vargas Ugarte, 1954, p. 11). Lamentablemente, tales trabajos no fueron publicados (la imprenta se estrenaría en Lima en 1584) ni se han localizado copias manuscritas. Si sobrevivieron hasta el Tercer Concilio (1582-1583), ellos habrían sido requisados y destruidos posteriormente, siguiendo los acuerdos de dicho sínodo, interesado en uniformar la prédica religiosa entre los naturales. De esta manera nos perdimos la oportunidad de contar con un registro muy temprano del quechua, que habría rivalizado con el del náhuatl (1539), y tendríamos que esperar hasta 1560 para disponer de semejante documentación. EL CRONISTA Es posible que la fama de quechuista que tenía ganada Betanzos fuera tomada en cuenta para que el virrey Antonio de Mendoza le encargara escribir la historia incaica. Nadie mejor que él, en efecto, para acometer dicha empresa, pues además de haber asistido al gobernador Vaca de Castro en el recojo de las informaciones acerca de la «descendencia y gobierno de los incas»12, tenía la ventaja de contar con informantes privilegiados como la de su propia mujer y su parentela, celosos guardianes de la memoria de los hechos y hazañas de su linaje desde Pachacutiy hasta Atahualpa, pero sobre todo la de acceder a dicha información por vía directa, a través del quechua, y no con la mediación de intérpretes, como había sido la práctica inevitable hasta entonces. Dotado de tales privilegios, en especial del último, el cronista no esconde la posición ventajosa desde la cual anuncia la historia que se propone escribir, y lo declara en términos que recuerdan los que serán formulados por el Inca Garcilaso media centuria después. En efecto, tal como aducirá el ilustre cuzqueño una y otra vez a lo largo de su obra (por ejemplo, Garcilaso de la Vega 1943 [1609], VI, XXV, 59), nuestro cronista parece decirnos también que la recta obtención e interpretación del material histórico solo puede hacerse a través del conocimiento directo de la lengua13. Ducho en el quechua, Betanzos recogerá, en el libro primero de su obra, la tradición oral incaica transmitida por los miembros del linaje de la familia de doña Angelina, consistente en el relato de dos grandes ciclos 28
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