quechua (como sigue siendo la práctica), sin los cuales resultaría irresponsable, por decir lo menos, emprender trabajos de edición. BETANZOS, QUECHUISTA TEMPRANO Llegado en su adolescencia al Perú alrededor de 1536, es decir a cuatro años de conquistado el Imperio incaico, pronto el futuro cronista habría puesto en juego su habilidad innata para aprender una segunda lengua, en este caso el quechua, de tal suerte que cuando Vaca de Castro recogió sus informaciones (1541-1542) ya lo encontramos, sino como intérprete oficial, como escribiente que conocía bastante bien la lengua (Pease, 1995, p. 231; Domínguez, 2008). Por esos años precisamente, se había casado con la excompañera de Francisco Pizarro, allegada de Huaina Cápac y mujer de Atahualpa, Cuxi Rimay Ocllo, más conocida por su nombre cristiano doña Angelina Yupangue, matrimonio que le habría servido, aparte de apuntalarlo socialmente y de asegurarle su bienestar material, para perfeccionar su quechua, que en adelante podía afianzarlo no solo en el seno del hogar sino en el trato con la nobleza familiar. Pronto, Betanzos tendría bien ganada su fama de eximio intérprete y de reconocido traductor. Como tal actuó en los medios oficiales de su época, sirviendo de traductor al pacificador La Gasca, y más tarde, en 1551, participando en la embajada organizada por el virrey Hurtado de Mendoza para sacar de su reducto de Vilcabamba nada menos que al pariente de su mujer, el inca Sairi Tupa (Fernández de Palencia 1963 [1571], p. iii, iv). El Inca Garcilaso, al narrar la diligencia emprendida por el Marqués de Cañete, menciona precisamente a nuestro cronista, señalando su participación en la referida embajada como intérprete, de quien nos dice, no sin cierto aire de escepticismo, que «presumía de gran lenguaraz en la lengua general de aquella tierra» (Garcilaso de la Vega, 1944 [1617], VIII, VIII, 205)10. Antes de abordar su empresa narrativa, y según confesión propia, nuestro autor declara haber gastado seis años de su mocedad, los transcurridos aproximadamente entre 1537 y 1542 (Domínguez, 1994), en la preparación de textos pastorales destinados a la evangelización de los indios. Tales materiales comprendían una doctrina cristiana (cartilla), dos vocabularios (uno léxico y otro de noticias y frases), unas pláticas o coloquios y un confesionario11. Es posible que tales trabajos se hayan hecho por encargo de la orden de los dominicos, como sugiere 27
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