503 Jorge Basadre. Vida y obra del ilustre bibliotecario peruano y desde el llano. Son tantos los nombres que se agolpan al recuerdo que no habría tiempo para enumerarlos. Séame permitido tan sólo referirme a dos muertos: George Vaillant, que dejó pedazos de su alma excepcional y generosa en los cimientos de nuestra Biblioteca y Philip Answorth Means cuya llenas de estímulo, de iniciativas y de fe en el porvenir, guardamos considerándola la postrera de sus admirables obras de gran peruanista. Lo que hay de alusión a mi en las palabras del doctor Evans, me conmueve más porque sé que es exagerado. Si más tarde se demuestra que algo hubo de perdurable en la tercera Biblioteca Nacional, no ha de ser nada individual: se deberá al simultáneo sacrificio de las mujeres y hombres jóvenes y heroicos que, desde hace tres años, mañana y tarde, en medio de dificultades múltiples, trabajan para el porvenir. Hoy la Biblioteca Nacional es como un convaleciente que necesita que le quiten los vendajes y las muletas y que les den espacio y vestiduras para caminar y desarrollarse. No tenemos jactancia por lo que hemos hecho, ni estamos envenenados por lo que se dejó de hacer, ni desconocemos lo mucho que falta todavía. El acto de hoy es una reafirmación de la importancia concedida al problema de la Biblioteca Nacional por el señor presidente de la República y el Gobierno que interpretan con ello el unánime anhelo del país, cuyo interés constante sobre esta obra no decae y cuyo substancial apoyo y moral solicito en esta solmene ceremonia una vez más. Señores: Estamos haciendo un acto de fe en los valores del espíritu, frente al culto predominante en todo el mundo, de la Riqueza, del Poder, o del Medro. Ello no implica sin embargo, una afirmación de intelectualismo puro. Tan peligrosa como las otras supersticiones de nuestra época, puede ser la de la Cultura. Hay ebrios y frenéticos de los bienes corporales —el dinero, el lujo, el predominio— como
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