35 Jorge Basadre. Vida y obra del ilustre bibliotecario peruano una sonora carcajada alguna anécdota que yo le contaba acerca de lo que pasaba al interior de la institución» (entrevista del 20 de mayo de 2009). Expresiones análogas cuenta Antonieta Ballón, una de sus más entrañables discípulas y exdirectora de la Biblioteca Pública Piloto del Callao, institución refundada por Basadre en 1958, quien también solía visitarlo en su domicilio cuando el maestro ya se encontraba alejado de la actividad pública: «Sus ojos le brillaban de emoción», relata, «cada vez que le contaba una buena noticia del quehacer bibliotecario», para concluir con la siguiente expresión: «Como Basadre, nunca habrá otro director en la Biblioteca Nacional» (entrevista realizada el 9 de agosto de 2007). Asimismo, estos últimos testimonios no hacen sino confirmar que Basadre, aun retirado de la función pública, permaneció atento a la marcha de la Biblioteca Nacional y al accionar de sus antiguos discípulos y exalumnos de la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Por lo demás, sería extenso detenerse en los aspectos de su vida personal, más allá de la rigurosa disciplina que caracterizó su trabajo intelectual y de su carácter insobornable. Conviene destacar, sin embargo, algunos de sus gustos y pasatiempos: el fútbol, que compartía con su nieto; la música y el cine —sus amigos lo consideraban un verdadero cinéfilo—; su colección de estampillas recuperada de las innumerables cartas que recibía del extranjero, afición que trasmitiría después a su primer nieto; y su predilección por la comida china, revelada por otro de sus amigos, el poeta Antonio Cisneros. Así era el Jorge Basadre humano: con sus pasatiempos y gustos, a veces especiales y otros hasta increíbles. Y todo ello encarnaba este prolífico hombre de notable sencillez, físicamente pequeño y hasta tímido —como lo califica su entrañable amigo y ahijado, David Sobrevilla—, pero grande en pensamiento y acción; íntegro
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