316 César Castro que reciben apoyo del Departamento de Bibliotecas Populares del Ministerio de Educación (Ballón Delgado, 1960, pp. 37-42). Todo ello, en efecto, implicaba, cuando menos, dos años adicionales de estudios, el primero para fortalecer la formación cultural y el segundo para procurar la especialización, de manera que la Escuela no se circunscribiera a Lima, sino que ampliara su radio de acción a todo el país, constituyéndose como el principal centro impulsor del desarrollo bibliotecario nacional, tal cual había sido concebida por su fundador. Concretamente, en cuanto a las posibles especialidades que la Escuela podría ofrecer, Ortiz de Zevallos y MacKee, consignan: organización y funcionamiento de bibliotecas infantiles; tratamiento de materiales especiales como publicaciones oficiales, filmes, microfilms, películas fijas, discos, cintas magnéticas; organización, administración y dirección de pequeñas bibliotecas nacionales (se referían a las pertenecientes al Estado); preparación para el profesorado de bibliotecología; formación de documentalistas. Finalmente, siempre invocando el pensamiento de Jorge Basadre, remarcan como signos distintivos del bibliotecario peruano, los siguientes valores: espíritu de trabajo, mística y vocación de servicio (Ballón Delgado, 1960, p. 39). El proceso de evolución de la Escuela en la etapa post Basadre fue produciéndose, aunque no en forma contundente ni al ritmo deseado. En este aspecto, las propuestas de Ortiz de Zevallos y MacKee se implementarán parcialmente obviando una de las más importantes, esto es, el necesario vínculo de la Escuela con la universidad. Algunos de esos cambios internos se pueden apreciar en el siguiente cuadro, donde se consigna el proceso de incremento en el número de años de estudio, desde su creación en 1943 hasta su transferencia a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1980, cuando la Dirección de la Biblioteca Nacional y, consiguientemente la de la Escuela, se encontraba a cargo de una bibliotecaria, discípula de Basadre, María Clara Bonilla de Gaviria. Será en esta nueva ubicación donde la carrera bibliotecaria alcanzará el esperado
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