176 César Castro de octubre de 1943), donde reconoce el incendio como un hecho infortunado de una casualidad, para afirmar después: «no hemos podido formar convicción de un simple accidente como origen del fuego»; es decir, las conclusiones de este grupo de trabajo no fueron contundentes, más bien dejaban margen a dudas y especulaciones. Como no podía ser de otra manera, en su condición de abogado, Basadre tomó las acciones legales pertinentes para el esclarecimiento del problema, facilitando la investigación tanto a la Fiscalía como al Senado de la República. Incluso, ante la persistencia de la duda sobre las causas del siniestro, durante su breve paso por el despacho de ministro de Educación en 1945, nombró un equipo de juristas para investigar las consecuencias administrativas derivadas del siniestro. De todas formas, no hubo resultado concreto, tan es así que, ya en el siglo XXI, para los historiadores, como Mariana Mould de Pease, el incendio sigue siendo un caso todavía por estudiarse y explicarse (Mould de Pease, 2004, p. 196]. Efectivamente, sobre los orígenes del siniestro se han barajado distintas hipótesis, que van desde una acción perpetrada por el poder político67 para destruir documentos que podrían delatar acciones irregulares; o de las autoridades de la propia Biblioteca, para ocultar pérdidas flagrantes de libros y documentos valiosos; o para truncar el proyecto de catalogación impuesto por el Ministerio de Educación a través de un equipo externo, hasta la posibilidad de un hecho fortuito ocasionado por los hijos del portero. A ello debe añadirse también la versión de la policía que, a pocas horas de ocurrido el siniestro, consignó en el respectivo parte: «No se ha podido establecer cuál ha sido el origen del fuego presumiéndose a un corto circuito [porque] las instalaciones eléctricas no se 67 Los comentarios apuntaron a que el presidente Manuel Prado, entonces en el gobierno, habría mandado quemar los documentos sobre irregularidades cometidas por sus parientes, concretamente por su padre cuando ejerció el poder a fines del siglo XIX. Aunque Basadre, en su calidad de historiador, se encargaría de desmentir esta hipótesis; desafortunadamente, esta es la versión que ha quedado en el imaginario público.
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