156 César Castro Gracias al trabajo serio y responsable y la contundencia de sus pedidos, Basadre logró del rectorado algunas medidas extraordinarias a favor de los proyectos de la biblioteca, como la asignación de fondos adicionales para adquisiciones, ampliación del local y confección de mobiliario nuevo, entre otros gastos menores. También, siempre con el apoyo del rectorado, pudo reprogramar pagos atrasados de antiguas compras y suscripciones. Renuncia y fin de una etapa En 1942, Basadre renunció a la dirección de la Biblioteca de la Universidad Mayor de San Marcos debido a una disposición específica de la Ley Orgánica de Educación de 1941, Cap. VII, referente a catedráticos, que prescribía: «El que desempeña un puesto administrativo en la Universidad, cualquiera sea su naturaleza, solo podrá regentar en ella una cátedra anual» (art. 471). Basadre, en ese entonces, tenía a su cargo dos cátedras, y frente al dilema que se le planteaba la citada norma, prefirió dejar el cargo de bibliotecario, en contra de la opinión de gran parte de la comunidad universitaria que respaldaba su gestión y que habría presionado a las autoridades de la universidad a buscar una solución al problema generado por la mencionada ley, pero sin resultados concretos. De esta forma culminó una etapa importante de su carrera profesional, de ocho años de trabajo efectivo como bibliotecario de la Biblioteca de la Universidad Mayor de San Marcos, una biblioteca que fue reorganizada por él sobre la base de una moderna concepción de biblioteca universitaria, esto es, como un elemento central del desarrollo académico y de investigación. Su política de trabajo, además de ceñirse a normas técnicas, fue de constante mejora y renovación de fondos y servicios de la biblioteca, aunque condicionado por las restricciones presupuestales y la falta de personal profesional idóneo, cuyos efectos los atenuaba mediante la puesta
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