142 César Castro turnos de atención, etc., cuyos resultados, esta vez, no solo eran indicadores del movimiento de los servicios de la biblioteca, sino una referencia indispensable para las adquisiciones de material bibliográfico. Este incremento, sin embargo, trajo como consecuencia nuevos inconvenientes o el agravamiento de otros, la morosidad en devoluciones y algo aún más grave, los reiterados casos de mutilación de páginas de los libros. Sobre este último problema, Basadre comunicó al inspector de biblioteca de la universidad solicitándole «se sirva gestionar ante el Rectorado una resolución penando con el máximo castigo a los alumnos que resulten culpables de este delito», con el fin de ponerle freno (UNMSM, caja N.º 463, of. N.º 13. A Manuel Vicente Villarán, Inspector de Biblioteca). Al mismo tiempo, Basadre, imbuido del sentido social del servicio de la biblioteca, ante el fenómeno de la morosidad y mutilación, optó también por tocar la conciencia del lector mediante mensajes que trasmitiesen el carácter de «bien público» de los libros de la biblioteca. En la nota «Palabras a los nuevos lectores» de 1936, dirigida a los estudiantes que ese año se incorporaban a la universidad, además de brindarles conceptos y orientaciones sobre los servicios y la misión de la biblioteca universitaria, les trasmitió una serie de mensajes donde, reconociendo los «vacíos y defectos notorios» de la biblioteca, destacó la voluntad de servicio del personal y su afán de constante mejora, así como también les pidió sutilmente respeto a la política de preservación de la institución «porque el derecho de cada lector tiene su límite allí donde empieza el derecho de los demás lectores, del presente y del futuro» (Boletín Bibliográfico, vol. IX, n.° 2, p. 2). Ampliación de local de la biblioteca y otras mejoras De acuerdo con la disponibilidad presupuestal, en 1936 se logró la ampliación de la sala de lectura de la biblioteca, proyecto postergado debido a la estrechez del local. Así se llegó a duplicar el
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