Inocencia justificada contra los artificios de la calumnia
moral de los realistas, así como entre quienes buscaban mantenerse neutrales en la contienda (algo posible en la primera fa5e, pero cada vez más difícil a medida que la rebelión avanzaba). Fue precisamente gracias al esfuerzo de los curas realistas, dirigidos por Moscoso y Peralta, que los rebeldes no tomaron control total de la región. En palabras del padre Manuel de Mendieta, en su testimonio incluido aquí, «los lugares en que permanecieron los Curas fueron los menos corrompidos. Volvía el Rebelde contra estos su furor, los aprisionaba, y oprimia, pero la Grey quedaba mas distante de seguirlo» (90). No fue la única medida importante adoptada por Moscoso y Peralta. Después de la victoria rebelde en Sangarará el 18 de noviembre de 1780, el obispo excomulgó a Túpac Amaru, medida que se hizo pública a través de cedulones, o bandos pegados en las puertas de las iglesias. Con evidente enojo y frustración, Túpac Amaru exigió que sus seguidores retirasen estos avisos sin conseguir que la noticia se expandiese por doquier 25 • La excomunión obstaculizó el reclutamiento de nuevos rebeldes y ejerció una notoria influencia sobre José Gabriel y Micaela, ambos devotos y sin animosidad alguna contra la Iglesia. Según Don Miguel Velasco, en otro testimonio incluido aquí, «se le apartaron muchos Mozos, en quienes infundió un formidable terror a la Censura [la excomunión]» (93 ). En nuestra opinión, estas medidas, no muy bien estudiadas, fueron decisivas en la derrota de los rebeldes 26 • En la segunda fase, cuando Diego Cristóbal Túpac Amaru, el primo de José Gabriel; Mariano Túpac Amaru, el hijo de José Gabriel, y Micaela, y Andrés Mendigure asumieron el liderazgo, los realistas comenzaron a dividirse. La captura de José Gabriel y Micaela en abril de 1781 y sus ejecuciones públicas, llevadas a cabo de manera simbólica y atroz, calmaron a los realistas en el Cuzco y Lima, dando la sensación equivocada de que la rebelión estaba ya aniquilada. Sin embargo, la expedición de José del Valle, desarrollada después de la ejecución de los líderes de la primera fase, no pudo derrotar a los rebeldes en la zona de Titicaca. Del Valle regresó de Puno en julio en un estado lamentable, con sus tropas diezmadas y hambrientas y con la deshonra de haber abandonado a la ciudad de Puno a las fuerzas rebeldes. El visitador Areche acusó a Del Valle de incompetencia y cobardía. En un momento tenso y complicado, donde la amenaza de mayor unión entre los tupamaristas y los kataristas en Charcas aterrorizó a las fuerzas realistas, es posible percibir una división entre los «duros>> (.,t\reche y el futuro visitador Benito de la Mata Linares) y los «moderados» Ov1oscoso y Peralta y el virrey Jáuregui). Los primeros buscaban lanzar nuevos ataques contra los rebeldes, en medio de un discurso implacable contra ellos; mientras que los segundos apoyaban la búsqueda de aliados indígenas y el inicio de negociaciones con los rebeldes. Los moderados se impusieron y lograron proponer un indulto para los rebeldes que dejasen las armas y posteriormente un cese al fuego. Los líderes rebeldes -muy jóvenes y sin duda exhaustos y asustados- aceptaron la oferta. En lo que parece haber sido una trampa organizada por los duros, que nunca aceptaron la idea de indultarlos, los líderes rebeldes fueron acusados pocos meses después de planificar nuevas conspir~iones, siendo arrestados y ejecutados. Los duros, con Areche y después 25 La excomunión es un tema importante de mi libro en curso. Hay mucha documentación en el Archivo General de Indias, sobre todo en Lima, Legajo 1041. 26 Charles Walker, «'When Fear Rather than Reason Dominares': Priests Behind the Unes in the Túpac Amaru Rebellion (1780~1783)», en Michael Laffan y Ma.x Weiss, eds., Fears Past: Emotional Histories, Trou.bled Times (Princeton: Princeton University Press, en prensa). - 13 -
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