Inocencia justificada contra los artificios de la calumnia

Pocos meses después de llegar al Cuzco, el obispo Moscoso solicitó que todos los curas que se encontrasen a lo largo del camino real le hicieran llegar reportes del estado de sus parroquias. Tras su petición se escondía el doble deseo de supervisar las acciones de los sacerdotes a la vez que apropiarse de parte de los ingresos que estos obtenían por los servicios brindados a la población local y de las rentas que la Iglesia obtenía por diversos medios. Sus defensores dirían más tarde que esta medida obedeció al sincero interés del obispo de proteger a la población indígena de la excesiva carga fiscal que pesaba sobre esta, así como vigilar las actividades morales de su rebaño. Para sus críticos, en cambio, el obispo estaba simplemente tratando de beneficiarse tanto como pudiese de un área empobrecida. A mediados de 1780, él envió a Vicente de la Puente, cura de Coporaque, a investigar al padre Justo Pastor Martínez, que se encontraba a cargo de Yauri. Luego de semanas de recriminaciones, peleas y revueltas, los bandos habían quedado delimitados. De un lado estaban Moscoso y de la Puente, quienes consideraban a la población local como poco colaboradora, además de corrupta y belicosa. Del otro, se hallaban el conegidor Arriaga y sus aliados (el curaca Eugenio Sinayuca y el desobediente cura Antonio Martínez), para quienes Moscoso era tan solo tm entrometido forastero que buscaba medrar de los recursos de una ya empobrecida doctrina 15 • La Iglesia, como siempre, se encontraba dividida, por lo que los sacerdotes podían estar en cualquiera de los dos bandos. El 17 de julio, Moscoso excomulgó a i\rriaga, aunque tendría que dar marcha atrás en su decisión en setiembre. Eusebio Balza de Verganza, sobrino y ayudante de Arriaga, pasó varios años acusando al obispo de apoyar a Túpac Amaru, en lo que llamó « la causa más célebre por escandalosa que en estos reinoos se ha visto>-.,, y prueba del «poco respeto con que los eclesiásticos miran por acá a nuestros ministros y de los atropellamientos con que a cada pa5o los insultan» 16 • El conflicto entre el obispo y el corregidor en un pueblo remoto ubicado en las alturas del interior del Virreinato iba adquiriendo mayor intensidad y provocando una cadena de ataques y contraataques con repercusiones transatlánticas. .,Aniaga mandó un informe al virrey Guirior, el 11 de julio, en el cual acusaba al obispo de estar detrás de «la conspiración de los plateros», la revuelta dirigida por Lorenzo Farfán de los Godos que tuvo lugar en la ciudad en los primeros meses de 1780 17 • La carta llegó cuando Agustín de J áuregui había sido designado en reemplazo del virrey Guirior 18 • Tanto en esta como en otra correspondencia, se quejaba amargamente del comportamiento del representante de Moscoso y Peralta, el padre Puente, e insistía que los parientes y la gente cercana al obispo estaban involucrados en las conspiraciones 19 • Moscoso reconoció que acusaciones de esta índole podrían tener serias repercusiones y trató de hacer llegar su versión a las autoridades pertinentes. Fueron meses agitados, con un constante flujo de informes y ataques escritos con 15 Luis Miguel Glave, «Canas 1780: El año de la rebelión», Desde afuera y desde adentro: ensayos de etnografía e historia, del Cuzco y Apurímac (Osaka: National Museum of Ethnology, 2000), pp. 61, 93. 16 Citado en Durand Flórez, «El Caso Moscoso», p. 495. Ver documentos en Túpac Amaru y la Iglesia: Antolog(a (Lima: Edubanco, 1983), pp. 165,201. 17 Para un buen resumen, Scarlett O'Phelan Godoy, Un siglo de rebeliones anticoloniales, Perú y Bolivia 1?00~1783 (Cuzco: Centro Bartolomé de Las Casas, 1985), pp. 207,217. 18 Loayza, La verdad desnuda, pp. 240,246. 19 Para un resumen de las acusaciones a los parientes -algunos no eran- del obispo, ver Bacacorzo, Don Juan Manuel, pp. 40,41. - 11 -

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx