en medio de la fiesta y la bebida, y que una vez comprometidos, no debían quedar mal con los demás socios. Otros recalcaban que las fiestas eran, a veces, la única ocasión en la que podían encontrase con sus paisanos, por lo que ponían empeño en llevarlas a cabo. Al respecto, resultó muy interesante la versión de uno de los socios, quien pertenecía a uno de los caseríos anexos a Chavinillo. Contaba que de niño había pasado por carencias económicas y que se había sentido «marginado», frente a los que vivían en Chavinillo, el pueblo principal de la zona. Migró a Lima para trabajar y juntar dinero para cumplir una meta personal: acceder a un importante cargo en la asociación y ser mayordomo o caporal de la comparsa de negritos. Con el tiempo lo consiguió, llegando a postular a la junta directiva y ser presidente del Centro Representativo. De esta forma, participar en la asociación y acceder a las mayordomías y dirigencias también sirve como una forma de reivindicación personal frente a los paisanos. La fiesta de carnavales era la primera del año. El día ideal para hacerla era el último domingo de febrero. Ese día el padrino de la fiesta lleva un árbol comprado de alguna zona rural próxima a Lima. En el local del Centro Representativo lo «vestía», es decir, le colgaba ropa, mantas, así como baldes de plástico, frutas, cajas y canastas envueltas en papel regalo llenas de dulces, y se decoraban las ramas con globos de colores y serpentinas (Fig. 3). Los padrinos del árbol eran generalmente un hombre y una mujer, que podían ser esposos o enamorados. El hombre era quien proporcionaba el árbol mientras que la mujer lo vestía. .-'i· f; Fig. 3: Árbol vestido para el cortamonte. Fiesta de carnavales del año 2005 (foto Joaquín Narváez) Los padrinos se encargaban también de contratar una banda para la fiesta, las que estaban generalmente integradas por migrantes huanuqueños en Lima. Pero si había suficientes fondos, se podía traer incluso una de Huánuco. Los padrinos también proporcionaban comida usualmente consumida en Huánuco como pachamanca, picante de cuy, locro, chochos y chicha de jora, además de cerveza y gaseosas. En la tarde, los invitados bailaban con música de la banda, tomados de las manos en un círculo en torno al árbol, mientras que por turnos usando un machete lo golpeaban hasta cortarlo. Cuando el árbol caía, los de la ronda y espectadores se abalanzan para recoger los regalos prendidos de las ramas. Quien lo derribaba se convertía en padrino del próximo año y, como generalmente se definía quien lo sería con antelación, se calculaba que este pudiera daba el golpe final. El padrino del árbol hacía entrega del «trucay» al nuevo padrino y este firmaba el cuaderno de actas, continuando la fiesta hasta entrada la noche.
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