costanero (Saharig, 1973), y que en épocas invernales se cubren de un manto vegetal ocasionado por el fenómeno de «lomas», rasgo que otorga a la quebrada un clima más cálido que el predominante al resto del valle bajo. ANTECEDENTES Aunque muchos investigadores se han referido a la quebrada de Canto Grande, la presencia Lima no ha sido abordada de manera específica, pues los trabajos se han concentrado en épocas más tardías (Agurto, 1984; Milla, 1974; Ravines, 1985; entre otros). Julio C. Tello visitó el complejo de Mangomarca en la década de 1920, allí realizó cateos y registró las características arquitectónicas del sitio (Tello, 1999). Durante la década de los años sesenta, Arturo Jiménez Borja recuperó cerámica superficial producto de huaqueos, la misma forma parte de una interesante colección que hoy se encuentra en el Museo de Sitio de Puruchuco. La mayoría de las vasijas recuperadas, procedentes de contextos funerarios profanados, muestran formas y diseños característicos de las últimas fases de la cultura Lima. En 1947, Hans Horkheimer descubrió geoglifos en las pampas de Canto Grande y desde 1976 Lorenzo Rosselló realizó investigaciones más intensivas en esta zona, encontrando cerámica del estilo Maranga cerca de la «Línea 56» (Roselló, 1997). Palacios y Guerrero (1992) estudiaron el material nievería proveniente de contextos funerarios del sitio de Potrero Tenorio. Estas vasijas, presentadas por primera vez en el libro San Juan de Lurigancho: Su historia y su gente de Jacques Poloni (1987), forman parte de la colección de la familia Solari, en cuya propiedad existía una estructura piramidal de adobitos, la misma que aparece indicada en un plano topográfico de 1969, y que fuera publicado por Palacios y Guerrero (op. cit.: 77, Fig. 2). En 1994 presentamos material blanco sobre rojo del sitio llamado El Triunfo (Abanto, 1994), siendo este el antecedente que evidencia la ocupación lima en el valle. Cerro Gallo es un asentamiento que se ubica en el límite sureste del distrito, cerca de la zona de Huachipa. Las excavaciones identificaron una ocupación constante durante el Periodo Intermedio Temprano (Palacios, 2001). En 1996, como parte del curso Taller de Arqueología Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, realizamos una prospección en la quebrada Canto Grande (Abanto y Eyzaguirre, 1996). Durante ese reconocimiento se ubicaron varios sitios y se comprobó la existencia de material lima en la parte alta de la quebrada, posiblemente relacionada con actividades de culto a los cerros. En el año 2000, durante uno de los últimos proyectos realizados en la zona de Mangomarca «Montículos 32 y 33, según inventario de Ravines (1985)», Jorge Champi recolectó -en las proximidades del denominado Templo Viejo- algunos fragmentos que parecen corresponder a las fases tardías del la cultura Lima. Durante el verano del año 2002 se efectuó un recorrido e inventario de sitios arqueológicos en la parte alta de la quebrada. Se ubicó material lima en varios de los sitios localizados (Abanto, 2002). Finalmente el 2005, Pedro Caycho realizó excavaciones en el sector B, encontrando algunos rellenos que contenían adobitos. El análisis de ese material se encuentra en proceso. A partir de esta información y de una serie de observaciones en perfiles estratigráficos expuestos por modernos trabajos de construcción, así como de proyectos de alcantarillado, comprobamos que la presencia lima forma parte de la larga tradición cultural de Canto Grande. SOBRE LOS ASENTAMIENTOS En el mapa adjunto (Fig. 2) se observa que los sitios lima están casi alineados en dirección este-oeste
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