San Juan de Lurigancho Historia y Presencia

más prescindible, la libertad de participación es menos coactiva, pero siempre igual de necesaria y solidaria; puesto que la condición humana requiere de servicios, productos, espacios u oportunidades culturales para compartir, para vivir y, más aún, se requiere de participación para la articulación de políticas públicas entre la representación social, lo político partidario y el estado; un agente de participación todavía muy limitado y débil en nuestro medio. Cuando la imperativa satisfacción de una necesidad cultural -por ejemplo un cumpleaños, una misa de defunción, una fiesta patronal o aniversario institucional- sea resuelta con la suficiencia (o insuficiencia) de recursos propios de los participantes; es decir, cuando esa concreción esté en sus manos y no haga falta someterla, del todo, al juego del mercado, ni apelar al apoyo del estado, entonces estaremos hablando de democracia cultural. Si bien estas formas de acción y participación cultural se dan de hecho en la propia comunidad, donde hay demanda para su realización, requieren ser consideradas por el estado y por los agentes culturales para valorarlas y regularlas, es decir, incluirlas en los procesos de desarrollo a través de las políticas culturales. Las demandas socioculturales deberían principalmente ser atendidas por el estado y, llegar a concretarse luego, mediante el uso de recursos mixtos de los sectores implicados. Esto es aplicable sobre todo en los lugares en donde hay escasa demanda comunitaria de acciones promocionales para el desarrollo. De esta manera se podrá hablar de una verdadera democratización de la cultura, accesible, inclusiva y participativa. Estas demandas son escasamente atendidas por el sector estatal, y pasa lo mismo con el sector empresarial. No se atienden temas como la conservación o puesta en valor del patrimonio histórico, natural o artístico; así como tampoco se vela por aquellos eventos relacionados con la creatividad y con la promoción de ella. La manera de dar concreción a la tan ansiada democratización sería a través de la promoción de la lectura y la oportuna intervención en el desarrollo de las denominadas bellas artes, el rescate de las culturas ancestrales (y sus fusiones), la formación de talentos locales y de espacios con servicios propicios para el consumo interno local. Desde cualquier espacio que se ocupe, sea como promotor, productor, beneficiario o consumidor, es necesario hacer notar la importancia de la participación cultural comunitaria y, esta importancia radica en: • La posibilidad que ofrece para potenciar la calidad de vida cotidiana de las personas, que de cierto modo involucra alcanzar una mayor equidad en espacios para las relaciones familiares, vecinales, organizacionales; en síntesis, esto significa generar oportunidades para todos. A más espacios de integración y sana convivencia, menos factores generadores de violencia. • Potencia y hace accesibles los bienes y servicios culturales para todos o buena parte de la población involucrada. La inclusión promovida por la propia población. • La promoción de la afirmación de la identidad local, multicultural, goce, aceptación y tolerancia de lo diverso, unidad entre las múltiples expresiones culturales. • Puede promover la cooperación interna y externa en su propia realización, hacia valores solidarios para el desarrollo (entendiendo la solidaridad como mutualidad de propósitos y esfuerzos cooperativos, y no solo como caridad dadivosa). LA ACCIÓN POLÍTICA CULTURAL Y CONCEPCIÓN DEL DESARROLLO CULTURAL Toda política pública se fundamenta haciendo explícitos los motivos o el marco referencial, que

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