San Juan de Lurigancho Historia y Presencia

la aplicación de la reforma agraria y nos permiten conocer algunos pormenores del proceso de urbanización del distrito. Estos grandes acontecimientos se entrelazan con historias más dirigidas, la historia de personajes, sus pasiones, sus logros, los esfuerzos. Todo eso forma parte de la información que hoy se difunde gracias a la concreción del proyecto y de la existencia de este espacio creado para uso social de los pobladores de San Juan de Lurigancho y Lima Metropolitana. RESULTADO DE LA INVESTIGACIÓN: LA HISTORIA La oligarquía limeña estuvo conformada por familias muy selectas, familias conocidas desde inicios del periodo republicano y que incluso se remontaban a la etapa colonial. Una de aquellas familias fueron los Moreyra. Hacia finales del siglo XIX, luego de la debacle generada tras la derrota peruana en la Guerra del Pacífico, pocas familias pudieron salir a flote mediante el establecimiento de acciones estratégicas como, por ejemplo, las alianzas matrimoniales. La familia Palacios estaba conformada por emergentes comerciantes de clase media. Así, a inicios del siglo XX se conforma la familia Palacios-Moreyra. Don Carlos Palacios había heredado de su familia una notable cualidad, la de poder concertar muy buenos negocios (esa cualidad, años más tarde, le valdría ser nombrado director del Banco de Reserva del Perú), también heredó una generosa cantidad de terrenos en Lima y el interior del país gracias a su matrimonio con doña Amelía Moreyra y Paz Soldán. El negocio de la compra-venta de terrenos fue próspera; los precios eran razonablemente cómodos "gracias" a la crisis post-guerra. Es así que decidieron adquirir un terreno en Lurigancho, lugar próximo a Lima, situado por aquel entonces y muy reconocida hacienda Azcarrunz. Carlos Palacios tenía un antiguo familiar, un tío, el mismo que había sido uno de los fundadores de la hípica peruana. El sobrino heredó el gusto por los caballos de carrera y no era el único; esta afición había sido prácticamente instaurada como deporte oficial, incluso respaldado por el propio gobierno. No era entonces de extrañar que el propio presidente Leguía fundara uno de los primeros haras en Lima y el Perú. A pesar de haber nacido en las calles y tener origen popular, la hípica obtuvo la atención de muchos, sin embargo fue de a pocos acaparada por los sectores más pudientes de Lima. Años después se fundaron los primeros colosos y se crea la organización llamada Jockey Club de Lima. Un conflicto de intereses, en la que finalmente toma parte el propio gobierno, conlleva luego a la constitución de un nuevo organismo de representación: el Jockey Club del Perú, un organismo sin fines de lucro que agruparía a todas las personas o agrupaciones interesadas en este deporte. Uno de los organizadores de ese nuevo espacio fue el señor Palacios. Hacia la década de los 40 y con una reciente incursión y cierto poder en el Jockey Club del Perú, Palacios decide conformar un pequeño negocio y formar así el haras Lurigancho. Una iniciativa modesta que le generó una tal vez inesperada situación: la fama. Palacios y su administrador y socio, el señor Justiniano Llosa, fundan el haras Lurigancho, y a pesar de sus incipientes condiciones deciden invertir en la adquisición de buenos ejemplares y en el óptimo entrenamiento y preparación de los mismos. Hacia 1944, Lurigancho obtiene su primer triunfo importante, un triunfo que lo catapultaría a la fama y lo haría partícipe de la nómina de los mejores ejemplares y representantes históricos de la hípica peruana. Casi de manera ininterrumpida, hasta 1961, Lurigancho consiguió alzar 6 copas en los Derbys nacionales; sin embargo otros triunfos no fueron menos importantes. A raíz de un penoso accidente acontecido mientras le entregaban un premio, la salud de Don Carlos comenzó a resquebrajarse. Carlos Palacios Villacampa muere en el año 1977 y once años después, en 1988, el haras Lurigancho deja de funcionar tras haber sufrido los primeros embates de

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