inversión de la carga de la prueba a favor de la víctima. Es el causante quien debe probar que su actuación no contrariaba la diligencia debida. Apenas antes de 1880, en Francia, toda responsabilidad civil se edificaba en torno a la idea de culpa. Pero las reformas emprendidas invocaban la presunción de culpa que liberaba a la víctima de la carga de la prueba, correspondiendo al dañador probar su diligencia debida. Bastaba, sin embargo, que el propietario de un animal o el dueño de un edificio probaran haber actuado de manera diligente, para exonerarse de la responsabilidad. Con el desarrollo del maquinismo esta concepción subjetivista comienza a mostrar sus terribles falencias. Si el daño se había producido por hecho humano, la víctima debía probar la falta de cuidado y diligencia en la manera de obrar. En cambio, si la fuente del perjuicio es una cosa, se presumía la culpabilidad del propietario o, en su caso, del guardián, quienes, para librarse, debían probar su actuar diligente. Los accidentes, no obstante, se producían con mayor frecuencia y los daños eran más graves. Corría la década de 1890, se gestaba una nueva concepción jurídica, la teoría del riesgo profesional divulga la idea de la responsabilidad del empresario por los accidentes vinculados a su actividad lucrativa. Los juristas franceses Saleilles y Josserand desarrollaron el principio de una responsabilidad por el hecho de las cosas que se tienen bajo su cuidado. El profesor galo Josserand despeja el camino para la noción de riego creado aplicable a todo uso de las cosas. El jurista francés Georges Ripert plantearía la cuestión de manera más limitada, el aumento del peligro debe ser asumido por el propietario (o guardador) sin tener opción a probar su actuar diligente, el propietario o guardador debe hacer suyo el riesgo que ha creado. Es en el año de 1930 donde se cambia la presunción de culpa por la presunción de responsabilidad; había nacido la responsabilidad objetiva.757 En el Perú de la primera mitad del siglo XX, la muerte de humildes obreros del Ferrocarril Central y catástrofes ferroviarias llamaron la atención de los legisladores quienes, al escuchar los reclamos del periodismo que solicitaban la intervención del Estado, propulsaron las modificaciones en las leyes de trabajo. Con la adopción de la doctrina de la culpa presunta se introdujo una válvula de escape en materia de seguridad por accidentes ferroviarios, cargando a las empresas ferrocarrileras con la responsabilidad del accidente mientras no demuestren lo contrario.758 A comienzos del siglo XX surgía la teoría del riesgo en materia de 247
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