Historia del Derecho Civil peruano. Siglos XIX y XX

siempre. Se trata, como había querido Napoleón Bonaparte, de un magistrado doméstico. Si la mujer marchaba sola a una reunión ello se prestaba para toda clase de interpretaciones y comentarios malévolos. Algo muy típico de la jurisprudencia peruana de la época. Pero también aparece el poder del padre sobre su hija, no obstante que se trate de una mujer mayor de edad, casada y con hijos. Resulta irónico, sin embargo, que según el demandado el proceso de divorcio fuera iniciado a instancias de su suegro —en el año 1954— porque Graciela Aparicio como casada no podía contratar con total libertad.514 Todos estos detalles se presentan en el marco de una sociedad que se preocupa de las apariencias y del qué dirán. La religiosidad, por lo menos en el plano externo, inunda la vida social. Las personas de las clases altas se valen de dinero y de amigos influyentes para orientar el curso de la justicia. Graciela Aparicio y su padre buscan entonces los servicios de Félix Navarro Irvine, famoso abogado del foro limeño, a fin de iniciar el proceso de divorcio contra Humberto Delgado. Ante la negativa de Delgado de aceptar el divorcio, su suegro y la esposa de aquel, el 15 de mayo de 1950, el mismo día que asesinaron a Antonio Miro Quesada, lo denuncian por robo de joyas supuestamente sustraídas del domicilio familiar de Miraflores. El plan era pasarlo a la cárcel como reo vulgar para ficharlo y con ese documento obtener el divorcio. Por su estado de salud, sus abogados y amigos tramitan certificados médicos para que sea trasladado a un Hospital. Se le asignó irónicamente una cama con el mismo número que tenía la celda en la que permaneció detenido y que sirvió de título a uno de sus libros, La Cama 19. En efecto, Delgado es detenido cuando dejaba a su hijo mayor en el colegio, y se le dicta prisión preventiva, después de un interrogatorio de tres días, durante tres meses en el Hospital 2 de Mayo, donde recibe la visita de sus amigos, los periodistas Luis Miro Quesada y Pedro Beltrán Espantoso. Merced a sus gestiones obtiene la libertad, tras comprobarse que no se han cometido los delitos por los que es acusado. Es en la prisión donde también escribe el folleto panfletario, Ella y yo, que describe aspectos procesales del sonado divorcio. Despunta a lo largo de la causa, el profundo rencor contra su cónyuge y su suegro. Acusa a su esposa de practicarse una intervención ginecológica sin su conocimiento en una clínica que normalmente no frecuentaba. Los vilipendios de una y otra parte no escasean. El epíteto más usado es el ladrón. A las denuncias por robo, Delgado contestaba que era su propio suegro quien había simulado el robo para apropiarse de las joyas de su 166

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