Historia del Derecho Civil peruano. Siglos XIX y XX

cuanto tiene; pues lo más natural del mundo le parece que quien es ya dueño de su albedrío y de su cuerpo, lo sea también de su patrimonio». En relación con ello recuerda: «En mi larga práctica profesional, apenas si podría contar dos o tres casos de constitución de dote; y no por lo padres, ni por los parientes de la mujer, sino por el propio marido, que viudo, y achacoso la ha constituido como argumento eficaz para vencer los escrúpulos de los padres, o la resistencia de la pretendida, joven y bonita, pero pobre». Distinta es la situación de la mujer obrera que pugna por la igualdad de derechos y busca el goce personal de las ganancias de su trabajo. Es así como Calle propone: Artículo […] La mujer puede emplear sus bienes reservados en la adquisición de valores muebles e inmuebles. Puede sin autorización del marido enajenar a título oneroso, los bienes así adquiridos. La validez del acto realizado por la mujer estará subordinada a la justificación de que ella ejerce personalmente una profesión distinta de la del marido; en este caso no quedará comprendida la responsabilidad de un tercero que con ella haya contratado. Las disposiciones que preceden no son aplicables a las ganancias que resulten del trabajo común de los esposos. (Artículo 1.º L. F. 13 de junio de 1907).496 Concluye el jurista puneño: «Los varones y las mujeres gozan de los mismo derechos civiles, salvo las restricciones taxativamente establecidas por este código». La Comisión decidió modificar este artículo «Los varones y las mujeres gozan de los mismos derechos civiles, salvo las restricciones establecidas por este código respecto de las mujeres casadas». Con esta misma redacción pasa el proyecto y se convierte en el artículo 5.º del código del 36.497 Ildelfonso Ballón, a su vez, comentaría: «Creo que la nivelación absoluta de las condiciones jurídicas de la mujer y del varón, en lo privado y en lo público o político, no es posible ni conveniente».498 Estaba convencido el jurista mistiano que la firmeza del carácter, la frialdad en el juicio, la energía en la acción, la tenacidad y perseverancia, «son en sí la máxima concentración de caracteres masculinos».499 Todo ello bajo «el simple juego de la selección natural».500 4.9. El homestead u hogar de familia: la protección tutelar de la propiedad comunal indígena «Las comunidades indígenas [son la]… única tabla de salvación de la raza aborigen, pues que, tal vez, esos núcleos de vida, como talismán, guardan el secreto de la restauración de nuestra grandeza». 160

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