Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
LAS EXPEDICIONES DE MILLER 85 vivacidad y el arrojo con la prudencia; dotes ejercitables a largas distancias, sin esperanza de refuerzos, aventurándose en zonas desco– nocidas, pobladas de amigos quizás, pero más probablemente de gentes predispuestas en contra por el espanto de la irrupción y el horror a los cupos, suministros, exacciones y violencias. Por felicidad, el noble Miller, compasivo, generoso, nada cruel, moderaría, a buen seguro, los arranques morbosos del vicealmiran– te; y, con su osadía y resolución, secundaría, en el terreno de las armas, los heroicos impulsos de su compatriota, imprimiendo el bri– llante sello del denuedo y de la gloria en los luctuosos choques de la guerra. Está, de aquel modo, el interés que traen consigo el movi– miento y la actividad, compensando, con algún arranque épico, la nota de mortal inercia impresa, en la campaña del ñorte, por la prudente espectación del general en jefe. VI Salida la expedición el 13 de marzo, como ya se expuso, presen– tóse, en la noche del 21, frente a Pisco; y, sin resistencia ni obstácu– lo, púsose toda ella en tierra en la madrugada del 22, ocupando puer– to y pueblo, con la vanguardia en la hacienda de Caucato, y sus avanzadas tendidas -a través del arenoso despoblado septentrio– nal- hasta la orilla izquierda del Chincha inclusive. Quedaron los patriotas, así dueños y dominadores del cuadrilá– tero irregular comprendido entre el océano, al oeste; la cordillera, al este; el río de Chincha, al norte; y el de Pisco, al sur; posición en la cual resultaron absolutamente cortadas, en una longitud no menor de ocho leguas, todas las comunicaciones costaneras de la capital con las ricas e importantes fajas productoras de la provincia de lea. Dejadas las tropas en tierra, Cochrane regresóse al Callao en el San Martín, quedando la O'Higgins y la Valdivia fondeadas en aguas pisqueñas. VII Angustiosamente, a marchas forzadas, al ver el paso de la escua– drilla independiente con rumbo sur, y calcular su destino y objetivo probables, despidióse de Lima al coronel don Juan Loriga con un es– cuadrón de caballería, a fin de sostener y asegurar la posesión de las zonas costaneras amenazadas, únicas de que aún podía subsistir la asediada y hambrienta población de Lima.
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