Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
82 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ quienes podían ser más accesibles y conquistables por sus vicios, con– diciones personales, y relaciones individuales o políticas. Y se recor– dará, asimismo, que la asidua labor desenvuelta en tal sentido, había Jogrado atraer decididamente la cooperación de dos de los enuncia– dos jefes: Cortines y Santalla. Ahora bien, estos sujetos, después de la serie de incidencias, te– mores, engaños y aplazamientos ya relacionados en otra parte de esta Historia, parecieron resueltos a cumplir sus compromisos y prome– sas, y aun llegaron a fijar la fecha aproximada del movimiento, con tal que, de todas maneras, se les brindase un auxilio y apoyo exterio– res, que los pusieran a cubierto contra la funa, la venganza y la re– presión fatales de que necesariamente habrían de ser víctimas por parte de sus burlados conmilitones. De ahí que el 25 de enero de 1821, en protección de los presuntos rebeldes de los castillos, San Martín hiciera salir de Huaura una división compuesta de seiscientos infantes y sesenta caballos, todos escogidos, a las órdenes del entonces teniente coronel Guillermo Mi– ller, y destinados a embarcarse en Huacho y desembarcar en las proximidades del Callao: en La Punta, según las instrucciones de San Martín. III Pasada revista de esas tropas el 26 ( 1), se efectuó su embarco el 30, a bordo del San Martín, buque convoyado por el mismo Cochrane en la almiranta, o sea en la O'Higgins. La escuadrilla diose a la vela en la noche, y el 31 amaneció frente al Callao. (1) En esta revista tuvo efecto una dramática apanc1on de la esposa de lord Cochrane, que Miller, muy amigo de anécdotas, refiere en la forma siguiente: "Cuando Miller estaba pasando revista en la plaza (de Huacho) a los destacamentos, llegó a galope lady Cochrane a hablar con aquél. La re– pentina presencia de una señora joven y hermosa, manejando, con destreza y elegancia, un caballo fogoso, electrizó absolutamente a la tropa, que nunca había visto una señora inglesa ¡Qué hermosa! ¡qué graciosa! ¡qué linda! ¡qué airosa! ¡Es un ángel del cielo! fueron las exclamaciones que se escaparon de un extremo a otro de la línea. Complacido Miller de aquel espontáneo ho– menaje rendido a la belleza de una paisana suya, dijo a la tropa: Esta es nuestra generala.- Lady Cochrane volvió sus expresivos ojos a la línea, y sa– ludó graciosamente. Las tropas entonces, no pudieron, por más tiempo, con– tener la expresión de su admiración en simples interjecciones, y prorrumpie– ron en vivas, repetidos, con el mayor entusiasmo, por cuantos se hallaban presentes. Lady Cochrane, con rma agradable sonrisa, manifestó su agradeci– miento, volvió el caballo pausadamente, y, con una gracia encantadora, se retiró a galope".- Memorias, págs. 264 y 265 .
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx