Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

COMPOSICION DE LOS EJERCITOS REALISTA Y PATRIOTA 69 militones blancos; al contrario, serían recibidos afablemente por sus hermanos de origen y de sangre, como congéneres e iguales, sin asco, sin desdén y sin orgullo. Si se recuerda que el número 7 de los Andes salió el 20 de agosto de Valparaíso con 290 hombres, y el número 8 con 412, se verá que uno y otro cuerpos, en octubre, contaban con un 26 y un 25% de peruanos, respectivamente ascendiendo el primero a 589 y el segun– do a 612 individuos (21). No hemos obtenido noticias respecto a la variación que en su personal hubiese recibido en el Perú el batallón número 11 del ejér– cito argentino; pero ateniéndonos a la palabra de Arenales, que va– mos a copiar en seguida (al tratar de la reorganización del número 2 de Chile), podemos afirmar que el mencionado batallón número 11, reducido a la más deplorable insignificancia por el flagelo de Huau– ra, hubo de reorganizarse, casi totalmente, con gente del Perú; y de quedar, como quedó, compuesto en su gran mayoría de peruanos. (21) La sola hacienda de Caucato, que en un tiempo perteneció a los jesuitas, brindó algunos centenares de soldados, voluntarios y decididos; los mismos que después recibieron la denominación de infernales, grandes cono– cedores del terreno, eximios nadadores, diestros espías, fuertes y valientes, y, sobre todo, ansiosos de venganza contra sus seculares explotadores . Dicha hacienda, ''cuando los independientes desembarcaron en 1820, contenía más de 900 esclavos negros; pero, habiendo tomado servicio con ellos una por– clón, su número primitivo había disminuído mucho"; y sucedió por eso que, al desembarcar Miller segunda vez (en la expedición que con Cochrane hizo al sur, o sea a Pisco primero, y a Arica después), "permitió unirse, en cuer– po, a la división patriota, muchos de los que quedaban; y, haciendo el ser– vicio de guías, fueron frecuentemente muy útiles, cuando los destacamentos tenían que atravesar vados difíciles o peligrosos. Algunos de los más dies– tros fueron enviados con frecuencia dentro de las líneas de los realistas; en las continuas escaramuzas que ocurrieron, se distinguieron particularmente por su valor; y, como estaban vestidos con gorras encarnadas y ponchos, les dieron el nombre de infernales. Gente bien alimentada, como todos los ne– gros que había en la hacienda, sólo se les daba, con todo, a probar la carne una o dos veces al año. Desde que llegaron los patriotas, tuvieron cuanto pu– dieron comer, lo cual contribuyó eficazmente a crear entre ellos un sincero y entusiasta espíritu patriótico".- Miller, Memorias, vol. I, pág. 271. Al presentarse San Martín en Huacho, fueron muchos, asimismo, los es– clavos de los fundos próximos que se presentaron al ejército; ya cuando la infantería patriota contramarchó de Huacho a Supe ( 17 de noviembre de 1820), ''en los batallones 7 y 8 existían sobre cíen negros que habían entra– do de reclutas, y a los que se concedió permiso para ir a ver a sus padres, hermanos o amigos, que salían de sus chozas a dar la bienvenida a aquellos que, hacía tan poco, eran sus compañeros. Las noticias que del servicio les dieran los soldados negros, indujeron a alistarse a muchos esclavos" .-Id. id., pág. 253 .

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