Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
70 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ De lo que sí poseemos noticias evidentes, es de la composición de los dos regimientos de caballería que vinieron en el referido ejér– cito argentino; a saber: el regimiento de "Granaderos de a caballo", comandado por el coronel don Rudecindo Alvarado; y el de "Caza– dores de a caballo de los Andes", cuyo jefe era el insigne Mariano Necochea, bravo entre los bravos. Doscientos negros que, "habiendo sido campesinos", resultaron por eso "buenos jinetes" (22) fueron distribuídos por igual entre los dos regimientos mencionados de granaderos y cazadores; y co– mo, según el estado de efectivos del 20 de agosto de 1820, los pri– meros alcanzaban a 330, y los segundos a 212, claro es que, al ascen– der a 430 y 312, contaron respectivamente con un 23 y un 32% de peruanos. VI El número 2 de Chile, comandado por el sargento mayor chileno don Santiago Aldunate, trajo al Perú un efectivo de 600 hombres. Ese efectivo aumentó en Pisco con gente de Chile "blanca y criolla" (23), por haber pasado a engrosar el número 2, todas las plazas del número 4, al quedar este último cuerpo constituído por negros del Plata y del Perú, según se acaba de manifestar. No hubo en ese bata– llón número 2, en consecuencia, un solo soldado del Perú. Esto fue al principio. Pero vino la peste de Huaura, y el número 2 que ya había perdido mucho en la primera campaña de Arenales, quedó con ella y por ella reducido a un pequeñísimo número de plazas. Oigamos lo que, al respecto, cuenta el citado general en sus "Memorias", al refe– rir cómo, al bajar de la sierra, encontró al expresado cuerpo en Cachicachi, enviado por San Martín a reunírsele en busca de salud Y de adecuada recomposición con reclutas indios de los Andes. "No contaba ya el número 2, dice, con más de cincuenta hombres de fuerza . los más enfermos . . . En vista de ello, y para que no sir– viera de estorbo, se le mandó regresar inmediatamente a San Mateo. Fue ésta, agrega, una de las medidas por que había instado Arenales desde Tarma, insinuando a S.E. que le remitiera a la sierra los bata– llones 11 y 2. Estos cuerpos habían quedado sumamente bajos, a consecuencia de la campaña anterior y del estrago epidémico que su– frieran en la costa. Arenales solicitó que pasaran a la sierra, para reorganizarlos y completarlos con reclutas del país. S.E. no tuvo a bien deferir a esta medida sino con relación al número 3, cuando la (22) Espejo, loe . cit., pág. 375. (23) Espejo, loe. cit.
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