Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

COMPOSICION DE LOS EJERCITOS REALISTA Y PATRIOTA 65 Tales fugitivos, en efecto, venían a engrosar las filas indepen– dientes (6). 11 La rabia de los hispanos contra estos humildes patriotas del Perú, tenía que ser tanto mayor, cuanto más grandes eran la nece– sidad que tenían de su cooperación y la estimación que al cabo con– cibieron de sus servicios. Desdeñados, al principio, por los engreídos y orgullosos vence– dores de las huestes napoleónicas, no tardaron, en efecto, en conquis– tarse aquellos sentimientos, palpabilizados, después, en multitud de respetables testimonios. Esos cholos y mestizos del Perú, que, según Mitre, "constituían el nervio militar del país; porque aunque en apariencia endebles y con poca energía individual, estaban dotados de una musculatura elástica; eran infatigables en las marchas a pie; y, con una tendencia a mantenerse agrupados en los peligros comu– nes", resultaban "por lo tanto, un buen elemento para formar exce– lente infantería, subordinada en el campamento, sobria en los tra– bajos de la guerra y compacta en el fuego" de las batallas (7); me– recieron, con todos los vicios e inconvenientes debidos a su eterna sujeción y atávica servidumbre, los más entusiastas elogios de parte de los militares expertos que tuviéronlos bajo sus órdenes, así exó– ticos como nacionales. El grave, rígido y seco, pero justo vencedor de Paseo y la Flo– rida afirma que "la infantería peruana no pierde su movilidad en lo interior de las sierras"; sino, antes bien, "se la considera como la parte más ligera del ejército" (8); y, por lo que hace a los mnemó– grafos españoles, limitémonos a apuntar aquí lo que paladinamente estampa Torrente; autor que, por así decirlo, esmeróse en delinear el definitivo especimen de todas las versiones y juicios formulados acerca de los vicios y virtudes de nuestro inimitable e inimitado sol– dado indio (9), recordando, al hacerlo, aquel solemne desdén, con (6) Con sólo desertores peruanos del ejército realista se constituían cuer– pos enteros. Cuenta, en efecto, Miller que, cuando se organizó la Legión Pe– ruana de la Guardia, y se nombró jefe de ella al marqués de Torre~Tagle, eligió para ello, el propio Miller, nombrado comandante de regimiento de in– fantería de la región, "cuarenta cabos y sargentos y doscientos o trescientos soldados, de los peruanos desertores del enemigo". Memorias, 1, 360. (7) Vida de San Martín, t. 11, pág. 389. (8) Op. cit., pág. 107, nota.-Ed. la. (9) Persistimos en nuestra costumbre, calculada e intencional, de no re– producir testimonios peruanos, que se tildarían de parciales; y de preferir los de los extraños o enemigos, exentos de toda sospecha.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx