Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
66 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ que, recién venidos, contempláronle los soberbios y veteraRos solda– dos europeos. "El general La Serna, dice, había recibido, al llegar al Perú, iguales impresiones que el general Morillo en Costa Firme. Acos· tumbrados ambos, del mismo modo que sus oficiales, a la táctica europea, y a la brillante disciplina y elegante porte de las tropas que habían combatido contra el primer guerrero del siglo, no mira– ron al principio a las del país con todo el aprecio a que eran acree– doras. Habiendo llevado, también, al Nuevo Mundo, una más calcu– lada prevención contra las guerrillas o cuerpos francos (montone– ras), igual a la que los de línea habían manifestado contra las partidas de España, en las que no querían reconocer un verdadero mérito militar, por más servicios que hubieran prestado a la con· servación de la legítima dinastía y a la independencia de la Na– ción, trataron de hacer varias reformas, que fueron, por entonces, poco favorables a la causa real. No es mi ánimo acriminar las ope· raciones de estos jefes y oficiales, porque tal vez habrían obrado del mismo modo cuantos militares de lustre hubieran pasado de la Península a América en aquella época.- Los soldados peruanos eran desaseados en su traje; tenían groseras costumbres, poca ele– gancia en su porte, una tosca educación; y, finalmente, un modo de servir enteramente diverso del de los eumpeos. Eran seguidos por enjambre de mujeres (10), propias o ajenas, que, dedicadas a buscarles la comida y a tenerla preparada, precediéndoles a este objeto en sus marchas, y fomentando en ellos su intemperancia, presentaban a primera vista una masa informe y ridícula, con sólo el nombre de ejército, y todo el aparato de una población ambu– lante (11). Su modestia natural, con todos los caracteres de timi– dez aparente; la palidez de sus semblantes, y su color moreno, ac· cidentes propios del clima y de la interpolación de castas, forma– ban un contraste demasiado visible con el brío, alegría y franqueza de los soldados europeos. Los del país podían considerarse como un tesoro en bruto; y los recién llegados de España, como una joya bruñida y pulimentada con tanto esmero, que difícilmente se po· día conservar su brillo". "Dicho general La Serna llegó a completar, de éstos y de lo más selecto de los habitantes del país, una división respetable, (10) Las famosas rabonas, completamente desaparecidas desde la refor– ma de 1896. Nota del A. (11) "Varias veces intentaron los jefes realistas introducir un3. reforma d e costumbres; pero hubieron de renunciar a ella, al ver los malos efectos que p r oducía" .- Nota de Torrente .
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