Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA~OLES 701 Goyeneche y Gamio. "Hizo San Martín -dice Pruvonena (y ya sa– bemos que este relato está sustentado por la autoridad de Mendi– buru)- que Monteagudo llamase a Goyeneche, después de haberle robado (sic) cuarenta mil pesos que éste tenía, muy en secreto, depositados en poder del P. don Manuel Jdsé Pedemonte; y, ha– biéndole insultado y amenazado groseramente, según su táctica, para intimidarlo, le exigió otros cuarenta mil, que debía entregarle se– cretamente. El ex oidor Goyeneche le contestó que no tenía aquella cantidad; y esto fue bastante para hacerlo conducir a la cárcel pú– blica, cargarle de prisiones y vestirlo con el afrentoso saco con que hacían cubrir de aprobio a los que entraban en ella aún antes de que la ley los declarase delincuentes. En aquel conflicto, apoderado ya Monteagudo de la casa de Goyeneche, y de sus alhajas y bienes, esta víctima peruana se vio, además de perder todo aquello, obligada a rescatarse, cediendo dieciocho mil pesos que tenía en el Consulado, catorce esclavos y algún dinero más que le dieron sus amigos, así como también varias cruces de brillantes y otras especies suyas de valor... De esta manera logró Goyeneche que lo sacasen de la cárcel y que lo condujeran por orden de Monteagudo, a la casa de locos de San Andrés, y al fin embarcarse para España. El delito que se decía haber en Goyeneche, era el de ser hermano del general realista del mismo nombre" (22). Los créditos a favor de los perseguidos peninsulares, cobrában– se para el fisco por la vía de apremio y pago, o condonábanse por decreto a los deudores influyentes y poderosos (23); e'scándalo úni– co de su especie en nuestros anales, tan ricos de expoliaciones, donaciones y condonaciones útiles o gravosas al fisco, pero en que jamás se creyó lícito hacerla's con daño de un particular y en bene– ficio de otro, disponiendo de los intereses y perjudicando los dere– chos priyados. Como muchos españoles, al huir o ausentarse del Perú, hubiesen ocultado sus capitales en dinero o especies precio'sas, en la espe– ranza de volver a encontrarlos y recogerlos pasada la guerra, cam– biados los hombres y extinguida la hostilidad, no fueron pocas las (22) Memorias, cits., pág. 61 del t I. Hemos sustituido, con pm1tos sus. pensivos, la frase siguiente del original citado cuya realidad mal puede cons– tamos, ni se podría verificar fácilmente: "Varias cruces de brillantes y otras especies de valor (de Goyeneche ) fueron apropiadas por Monteagudo, siendo tal su impudencia que no tenía éste embarazo de mostrarías públicamente después en Guayaquil, como trofeos adquiridos en el tiempo de la administra– ción de su digno Protector San Mar tín". (23) Así ocur ió con la deuda de ochenta mil pesos que, a favor del co– merciante español con José Leandro de la Cendeja, tenía el marqués de Tru– jillo don José Bernardo Tagle. Pruvonena, op. cit., t I, pág. 58.
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