Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

MONTEAGUDO Y LOS ESPA&OLES 699 taciones y ordenar que las cartas de nacionalización se expidiesen sin más requisito que la solicitud del presunto ciudadano, manifes– tación de su voluntad expresa; sin exigir alegaciones ni constata– ciones del impedimento legítimo que hubiese demorado su inscrip– ción, porque ello conservaba latente el peligro de escoger, rechazar y burlar la opción de quienes fueran poco gratos al gobierno o a sus subalternos y aduladores. Los hechos manifestarían, en poco tiempo más, lo fundado de este último temor, al reproducirse la persecución, con gravedad y proporciones intolerables, bajo la administración del débil Torre Tagle, en quien Monteagudo halló un colaborador silencioso, y por eso más eficaz que San Martín, para la consumación de sus diabó– licos planes. Por felicidad, el espíritu público hizo al fin explosión, envolvió al odiado ministro en el nubarrón de su cólera y expulsóle del teatro de sus crueldades y felonías, con aplauso de la posteridad y de la historia. XXIX Listo el Protector para partir en busca· del fundador de Colom– }bia, aún tuvo tiempo, el 19 de enero de 1822, o sea la víspera de entregar el poder al flamante Marqués de Trujillo, para cerrar a los españoles una de las esferas de su actividad, en la siguiente circular dirigida a los presidentes de los departamento's: "Para prevenir los males que podrían causar a la opinión los españoles, sirviendo de administradores o mayordomos de muchas haciendas, que, hallándose distantes de las capitales, puede ser más trascendental el abuso que se haga de la sencillez de los habi– tantes de la campaña,· quiere S.E. el Protector no ejerz-an tales des– tinos los que no hubiesen obtenido carta de ciudadanía, haciendo 1 esponsables a los propietarios de la infracción de esta suprema re~olución. La circulará V.S: para su puntual cumplimiento, a los gobernadores del departamento de su cargo, y cuidará de su exac– ta observancia". Tal, para esos desventurados, fue el adiós del general San Martín. XXX Entre tanto fueron muchos los españoles (con las familias pe– ruanas formadas por éstos) arruinados por la serie de medidas neronianas relacionadas en este capítulo. Dejóse en la miseria más dolorosa a los opulentos vecinos don Víctor Angulo, ·don Andrés Re-

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